Descubriendo también el Parque de la Paz de Hiroshima

Vista del torii y el santuario de Itsukushima desde el mar

Vista del torii y el santuario de Itsukushima desde el mar

Amanecimos en el Hiroshima Kokusai Hotel, a muchos kilómetros de dónde teníamos previsto pernoctar. Y es que la víspera, el tifón Chaba había lamido las costas japonesas y el ferry que debía llevarnos a la isla de Miyajima nunca salió.

Sin embargo Hiroshima estaba lo suficientemente cerca de la isla cómo para permitirnos volver a intentar llegar a Miyajima al día siguiente. Tras levantarnos de la cama comprobamos el tiempo en nuestro Smartphone (ese del logo con la fruta mordida) y todo indicaba que el día había despuntado especialmente apacible.

Fuimos a desayunar a una cafetería al lado del hotel, pero nos topamos con el muro del idioma. La joven camarera toda apurada, ni siquiera conocía las más básicas palabras en inglés relacionadas con un desayuno. De manera que se nos puso a dibujar los elementos que incluía el desayuno habitual (taza de café, trozo de tarta, zumo) tuvo su gracia, la verdad.

Tomamos el tren y en apenas media hora estábamos de nuevo en el muelle de Miyajimaguchi, donde el día anterior habíamos esperado infructuosamente. Esta vez los ferris funcionaban normalmente y después de un rato de espera más un centenar de turistas subimos al barco. Vimos cómo la isla (realmente llamada Itsukushima) se iba acercando. Un hermoso pedazo de roca cubierta de bosques exceptuando el pueblo enfrente nuestro. Nos colocamos en el costado de estribor (eso es la derecha según la wikipedia ) para poder ver el famoso torii que al estar la marea alta, aparentemente flotaba en mitad del mar. Resultaba muy extraño verlo tan lejos de la orilla.

Desembarcamos en la isla. El edificio del puerto estaba atestado de gente, así como la plaza adyacente por la que se desperdigaban indolentes algunos ciervos inofensivos. Los más hambrientos mendigaban algún trozo de pan a los turistas, pero la mayoría se contentaba con dejar pasar el tiempo echados en el suelo masticando, de lado a lado, algún yerbajo cercano.

Calle de Miyajima que sube hasta  el monte Misen

Calle de Miyajima que sube hasta el monte Misen

Paseamos unos metros junto al mar y luego enfilamos hacia Omotesando Shopping Street, la arteria principal del pueblo. Tras una línea de casas, la calle Ometasando corría en paralelo a la costa y estaba llena de tiendas y restaurantes a ambos lados, que nos hacían detenernos a cada momento, para comprobar su interior y rebuscar algún regalito para la familia u olfatear algún aroma extraño.

Efectivamente, como habíamos leído, Miyajima era tremendamente turística y eso que aquel era un día entre semana. No soy demasiado aficionado a las tiendas de lugares turísticos, pero he de reconocer que muchas tiendas en Japón y en especial en Miyajima tenían objetos de menaje, peluches, figurillas, telas… realmente preciosas. Otra cosa es que el precio tampoco era muy sugerente, afortunadamente para el saldo de mi Visa Oro.
En la misma calle nos tropezamos también con la cuchara de madera para arroz más grande del mundo (7,7 metros de largo). Estaba expuesta allí mismo en un pequeño espacio vallado con mimo. Una de esas curiosas excentricidades que sólo suceden en Japón.

Imágenes orando en el templo Daishō-in

Imágenes orando en el templo Daishō-in

Nuestro plan, en principio, había sido dormir en la isla para poder disfrutar de la isla por la tarde-noche y a primera hora de la mañana cuando apenas había turistas. Pero la meteorología nos había obligado a visitarla con todo el mundo. Evidentemente ver la isla tan concurrida le restaba gran parte de su magia.
La calle principal desembocaba en el famoso torii rojo dónde había un buen montón de gente esperando para hacerse la foto de rigor. Además tenía un pequeño andamio en su lateral por lo que no pudimos disfrutarlo en toda su belleza.

No pretendo desmitificar una de las imágenes más icónicas de Japón, es una construcción preciosa pero probablemente lo era más al crepúsculo o al amanecer y sin tanta gente.
Por eso si tenéis previsto visitar Miyajima os aconsejaría que os quedaseis al menos una noche. Eso sí, tendréis que reservar con bastante tiempo ya que los alojamientos son escasos y no muy baratos. Lo más práctico en ese caso, sería contactar directamente con el hotel o ryokan. (Ver webs de alojamientos en Miyajima)

Bordeando la orilla llegamos al resto del singular santuario de Itsukushima, asentado sobre pilares parcialmente sumergidos y pintado de llamativos rojo y blanco. El torii, avanzado unos metros más allá, representaba la puerta de acceso. Este santuario sintoísta sin duda el más célebre del país, fue construido en 1168 por Taira no Kiyomori, a la sazón el hombre más poderoso de Japón.

A dos pasos de allí, subimos una empinada cuesta y en lo alto de la colina se encontraban otro par de edificios muy interesantes: Una espectacular pagoda de cinco pisos pintada de rojo y negro y el pabellón Senjokaku o santuario de Hokoku, un edificio del siglo XVI bastante robusto y a la vez amplio y diáfano, construido exclusivamente en madera, con grandes pilares que no eran otra cosa que enormes troncos rectos. La entrada al Sensojokaku costaba tan solo 100 yenes pero al ser un templo prácticamente sin paredes, lo cierto es que podía atisbarse su interior desde fuera.

El Monte Misen es la cumbre más alta de la isla, apenas 535 metros, pero que se levantan imponentes muy cerca del mar. Desde su cumbre se puede disfrutar de un espléndido panorama de la isla y sus alrededores. Nosotros por falta de tiempo no pudimos subir pero existen varias rutas e incluso un teleférico que sube a la cima donde se asientan también algunos bonitos templos.

Vista del templo budista Daishō-in (Miyajima)

Vista del templo budista Daishō-in (Miyajima)

Si que pudimos, sin embargo, visitar en una de las laderas del monte, el templo budista Daishō-in a apenas 10 minutos andando de la zona más turística. Dejamos atrás una o dos calles y la muchedumbre desapareció a nuestro alrededor. Ante nosotros, una larga calle orillada de casas bajas subía hasta el templo. Llegamos ante la gran puerta de acceso y vimos las escaleras que nos esperaban con una pendiente extrema pero con el aliciente de estar repleta de las llamadas ruedas de plegarias que los visitantes hacían girar mientras subían o bajaban. Estos grandes cilindros grabados con escrituras sagradas tienen una larga tradición en la religión budista y proporciona purificación y sabiduría.

Alcanzamos el patio central en torno al cual estaban los edificios principales. He de decir que aquel fue para mí el lugar más encantador que visité en la isla de Miyajima. Más de una docena de construcciones (era difícil contarlas) desparramadas por una hendidura de la montaña en un singular caos de escaleras, árboles, templos, estanques, estatuas de Jizo…

El bosque seguía cubriendo la mayor parte de la zona rodeando casi todos los edificios del Daishō-in. Fuimos recorriendo sin rumbo los templitos y las filas de estatuas. La espesura había creado pequeños rincones y recodos encantadores, imperceptibles unos metros más allá. Nos sorprendieron mucho las ofrendas que encontramos junto algunas figuras religiosas: todo tipo de peluches, juguetitos, latas de conservas, yogures, incluso algunas estatuas vestidas con ropa deportiva… Nos pareció que la relación de los japoneses con la religión era mucho más amable y desenfadada que en otras culturas.

El bosque rodea el templo budista Daishō-in (Miyajima)

El bosque rodea el templo budista Daishō-in (Miyajima)

También descubrimos una sala sorprendente, llena de centenares de lámparas japonesas o lámparas Tōrō dispuestas en filas y columnas como un ejército que alumbraban a su vez a las estatuas sagradas que tenían abajo. Vimos algunos templitos más, estanques, cascadas artificiales y por fin llegó el momento de volver.

Teníamos un par de horas para visitar el parque de la Paz de Hiroshima, ya que debíamos hacer noche en Kioto. Bajamos en la estación de tren de Hiroshima y utilizamos de nuevo el Hiroshima Sightseeing Loop Bus, un autobús gratuito con el JR Pass. No todo el mundo conocía este servicio pero nos resultó tremendamente práctico ya que recorría todas las zonas turísticas.

Pasamos junto al Museo Memorial de la Paz de Hiroshima, en su puerta esperaba una kilométrica cola de escolares japoneses con sus elegantes uniformes blanco y azul oscuro. Sin duda era una excursión habitual y necesaria para los niños de todo el país. Lamentablemente nosotros no teníamos tiempo para visitarlo.
Muy cerca del edificio del museo sobrevivían todavía algunos árboles que soportaron la caída de la bomba atómica. Habían pasado 70 años pero sus heridas seguían siendo evidentes.

Arco y el cenotafio en honor a las víctimas de la bomba atómica (Hiroshima)

Arco y el cenotafio en honor a las víctimas de la bomba atómica (Hiroshima)

Visible desde casi cualquier parte del parque se encontraba el arco y el cenotafio en honor a las víctimas de la bomba atómica. En él había una piedra con el nombre grabado de más de 220.000 personas que perecieron en la catástrofe. Aquí los japoneses las honran y presentan sus ofrendas de flores. A través del sencillo arco podía verse al fondo el edificio de la cúpula, al que nos acercamos otra vez aunque ya lo habíamos visto el día anterior. Era un edificio en ruinas que realmente resultaba impactante.

Entramos a la oficina de turismo porque se trataba de otro edificio que aguantó a duras penas en pie aquel fatídico 6 de agosto de 1945. La Rest House había sido restaurada pero los sótanos permanecían aún hoy inalterados y podían visitarse con cita previa.

La bomba atómica conocida como ‘Little boy’ explotó a unos 600 metros sobre la ciudad de Hiroshima. La perpendicular a esa explosión podría considerarse el epicentro y se encontraba a un par de manzanas de la Cúpula Genbaku, entre feos edificios de oficinas y pequeños aparcamientos, ningún turista se pasaba por allí. Había un modesto y solitario monolito con una única foto desgarradora y un corto texto en japonés e inglés. Lo leí y me marché sobrecogido.

Enlaces de interés:

Web oficial de turismo de Miyajima
Web oficial de turismo de la prefectura de Hiroshima
Hiroshima Sightseeing Loop Bus

Webs de reserva. Alojamientos en Miyajima:
Gambo
Japanese Guest Houses
Japanican

Diario de viaje a Japón:
Cómo preparar un viaje a Japón por tu cuenta
Hotel, ryokan, minshuku, templo y machiya. Cómo elegir el mejor alojamiento en Japón.
El itinerario definitivo del viaje a Japón.
Día 1. Llegada a Tokio Haneda. Curioseando por Harajuku y Shibuya.
Día 2. Tokio tradicional con guía. Asakusa, Yanaka y Ueno.
Día 3.Perdiéndonos por el mercado de Tsukiji y Shinjuku.
Día 4. Excursión a Nikko. Una montaña llena de templos.
Día 5. El día que todo salió bien. Shirakawa-go y Takayama.
Día 6. Ruta por Kamikochi en los Alpes japoneses y Takayama.
Día 7. Por el corazón de Japón. En tren desde Takayama a Kioto
Día 8. Amenaza de tifón, el castillo de Himeji y otros cambios de planes
Día 9. La isla de Miyajima. Mucho más que el torii flotante.
Día 10. Nara. La ciudad del gran Buda de bronce
Día 11. Primer día en Kioto: El pabellón dorado y el Castillo de Nijo.
Día 12. Recorriendo en bicicleta los templos de Higashiyama en Kioto

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