La capital gallega tiene mucho que ofrecer a los viajeros más exigentes.

Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela

Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela

A veces sucede que no has podido preparar ningún viaje, por distintos motivos (laborales, familiares, has procrastinado en el sofá…) y finalmente te encuentras a las puertas del verano con una semana libre y sin ningún plan a la vista. Y claro te cae la gotita de sudor imaginándote todo el verano asándote en tu casa de la ciudad.
A nosotros nos sucedió no hace demasiado y decidimos elegir un destino en nuestro país, que alberga lugares maravillosos por explorar. Galicia tiene por lo general un clima suave en verano, además de una gastronomía espectacular y un patrimonio artístico desbordante. Así que para allá fuimos en nuestro bólido.
Nuestra base de operaciones sería Santiago de Compostela, sin duda una de las ciudades más interesantes del Norte español. Llegamos a primera hora de la tarde a nuestro alojamiento, el Hotel Albardonedo en Roxos, una aldea a apenas 5 kilómetros de Santiago. Una opción muy práctica si se viaja con coche, ya que no teníamos que lidiar con los inconvenientes de callejear por la ciudad.
Cómo era agosto la zona del Campus universitario estaba casi vacía por lo que pudimos aparcar el coche sin problemas y llegar a la plaza del Obradoiro en apenas 15 minutos. Aquella tarde nos contentariamos simplemente con pasear por la ciudad, que tratándose de Santiago de Compostela no era cualquier cosa.
Comenzamos nuestro deambular por la capital compostelana en el bonito jardín de la Carballeira de Santa Susana, situada en lo alto de una loma desde la que se dominaba toda la ciudad y que además contaba con algunos árboles centenarios de diámetro inabarcable.

Bajamos luego por un lateral, por la Rua do Pombal para enfilar la estrecha, repleta de gente y a pesar de ello encantadora Rua do Franco. Que todavía conservaba algunos soportales y relieves esculpidos en piedra sobre sus puertas. Cuando ya atisbábamos las torres de la catedral nos detuvimos frente al Palacio Fonseca: Un edificio renacentista de larga fachada, que flanqueaba todo un lateral de la plaza de su mismo nombre. El patio interior con su doble arcada de piedra grisácea por la humedad y con su pequeño jardín bien cuidado bien merecía una visita.
Por fin llegamos a la Plaza del Obradoiro, un espacio enorme empedrado frente a la majestuosa catedral de Santiago. Si en pleno siglo XXI la catedral seguía asombrando a cada nuevo visitante ¿qué sentirían los peregrinos en el medievo al ver aquella magnífica catedral? No podíamos dejar de admirar la fachada de la catedral de un estilo barroco elegante y soberbio. Decidimos emular a mucha gente que había allí y nos sentamos en el suelo, para mirarla, para admirarla más tranquilamente y leer en nuestra guía detalles sobre las escaleras y las torres. Después rodeamos la catedral paseando por las bonitas plazoletas que había a su alrededor (de las Platerias, de Quintana, de la Inmaculada). Y sin darnos cuenta nos había oscurecido. Al día siguiente seguiríamos descubriendo la ciudad.

Iglesia románica de Santa María do Sar

Iglesia románica de Santa María do Sar

Por la mañana, muy pronto, fuimos hasta la Colegiata de Santa Maria do Sar, la otra gran iglesia románica de Santiago, aunque bien es cierto, que al estar fuera del casco urbano, parecía algo olvidada por los visitantes.
Se encuentra muy cerca de La carretera SC-20 que abraza a Santiago por su parte Sur y a la orilla del fino rio Sar que le da nombre. Tan cerca y tan lejos a la vez de la ciudad, y aunque se podía llegar desde el centro de Santiago en un cómodo paseo de 15 minutos a pie, ciertamente el entorno inmediato de Santa Maria do Sar recordaba más a la Galicia rural que a una gran ciudad.

Al entrar en el recinto de la colegiata nos recibió el muro norte con probablemente los arbotantes más robustos y grandes en proporción a la iglesia, que había visto nunca. Al contemplar el edificio en perspectiva constatamos que los muros estaban claramente inclinados, por lo que la construcción de aquellos contrafuertes y arbotantes tan gruesos había sido la única manera de evitar el colapso del edificio.

Lejos de la magnificencia y la grandeza de la catedral de Santiago, Santa María do Sar era una iglesia adusta y recia que se caracterizaba más por el grosor de sus muros, que por la delicadeza de su decoración. En su interior también sorprendía el desequilibrio de sus pilares que no le restaba, sin embargo, nada de su interés al conjunto de la Colegiata.

Por fin, fuimos de nuevo a la Catedral de Santiago, pero esta vez para visitar su interior. El Museo de la Catedral de Santiago, organismo que gestiona su visita, las organiza en distintas modalidades: Cubiertas, tribunas de la catedral, exposición permanente del museo, pórtico de la gloria o combinadas. Conviene informarse previamente en su página web y reservar con antelación (enlace al final del artículo), porque, por ejemplo, el pórtico permanecerá cerrado varios meses por obras en 2017. Nosotros afortunadamente sí que pudimos visitarlo.

Tímpano del pórtico de la Gloria (Catedral de Santiago)

Tímpano del pórtico de la Gloria (Catedral de Santiago)

Para cualquier amante del arte medieval como yo, el Pórtico de la Gloria, obra magna del maestro Mateo, era como tocar con los dedos el Santo Grial. Y lo cierto es que me pareció una visita imprescindible para cualquier persona interesada en el arte, la religión o la historia.
El pórtico de la Gloria formaba parte de la fachada románica de la catedral, pero durante los siglos XVII y XVIII se construyó otra fachada para preservar esta magnífica obra de las inclemencias del tiempo.

Nos hicieron esperar unos minutos mientras se formaba el reducido grupo de la visita y subimos a unos andamios a varios metros de altura, quedamos situados frente a la parte alta del Pórtico de la Gloria. Y desde luego las fotografías que habíamos visto no le hacían justicia. El pórtico tenía una longitud de 17 metros y alcanzaba una altura de nueve metros y medio.
No recordaba haber visto tal maestría en la talla de figuras de piedra. La expresividad de las facciones de los profetas, de los evangelistas, la calidad de sus ropajes era algo poco habitual en otras obras de arte románico, que se suele caracterizar por sus figuras estáticas e inexpresivas. Además muchas figuras todavía conservaban trazas de policromía algo muy complicado en obras tan antiguas y que han soportado la intemperie.
También destacaba la riqueza iconográfica, que bebía de símbolos y personajes del antiguo y el nuevo testamento. Los personajes centrales eran lógicamente el apóstol Santiago, situado en el parteluz, Cristo resucitado sobre él, en mitad del tímpano y los cuatro evangelistas rodeándole.
La entrada también nos permitía el acceso a otras dependencias muy interesantes de la catedral, como el inmenso claustro de altísimas arcadas del siglo XVI.
Una vez calmada el hambre espiritual convenía aplacar también la terrenal. De manera que nos fuimos en busca de pitanza. Pero primero nos desviamos un poco para ver en la bonita plaza de Mazarelos. El arco del mismo nombre, era la única de las antiguas puertas de acceso a la ciudad que todavía permanecía en pie. Databa nada menos que del siglo XI.

Vistas de Santiago desde el Parque de Bonaval

Vistas de Santiago desde el Parque de Bonaval

Dos calles más arriba se encontraba el mercado de abastos. ¿Qué mejor lugar en Galicia que comer en un mercado? Este mercado tenía puestos maravillosos de verduras, frutas y carnes pero eran los de pescados y mariscos los que nos resultaron espectaculares. La clientela se dividía a partes iguales entre los apresurados locales y los boquiabiertos turistas.
Nos colocamos a una pequeña cola formada junto al puesto de unos pulpeiros que introducían al pulpo en el caldero hirviendo frente a nuestros ojos. En apenas unos minutos estábamos ya devorando los trozos de un rico y fresquísimo pulpo a feira. Este es el tipo de comida rápida que me gusta.
Después, para bajar la comida dimos un paseo un poco más allá. Pasamos junto a dos museos: el Museo do Pobo Galego que ocupaba las dependencias del Convento de San Domingos de Bonaval y el moderno Centro Galego de Arte Contemporánea, nos decidimos a entrar en el segundo. Más tarde subimos al curioso y atractivo Parque De Bonaval situado sobre una colina, desde donde teníamos unas bonitas vistas de Santiago tirados en la hierba y dónde se respiraba una tranquilidad reconfortante.

Enlaces de interés:
Turismo de Santiago
Catedral de Santiago (Oficial)
Entradas Museo Catedral de Santiago

Hotel Albardonedo
El viaje de mi vida. Un día en Santiago
Museo do Pobo Galego
Centro Galego de Arte Contemporánea

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