
Si se viaja a la región de Flandes, en Bélgica, no hay que olvidar visitar sus bonitos beaterios, también llamados beguinajes por haber sido el hogar de las beguinas.
Esta especie de barrios detenidos en el tiempo, de casitas encaladas y ladrillo rojo mantienen un encanto humilde que nos trasporta a otro tiempo. Hoy muchos de ellos son remansos de tranquilidad en el ajetreado centro de grandes ciudades como Amberes, Gante o la turística Brujas.
Trece de estos beaterios repartidos por Flandes fueron declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad por su enorme valor histórico.
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¿Qué son los beaterios o beguinajes?
Son un conjunto de viviendas de origen medieval, normalmente en torno a una iglesia y que solía estar protegido por unos muros.
En estos recintos vivía una comunidad de beguinas, mujeres seglares en su mayoría viudas o solteras.
La palabra beguinaje procede del neerlandés begijnhof, ya que fue en la zona de Flandes y los Países Bajos donde enraizó con más fuerza la corriente religiosa de las beguinas.
Es importante tener en cuenta el contexto histórico en el que surgieron los beguinajes.
El siglo XIII fue especialmente prolífico en guerras y conflictos militares en esta parte de Europa y además muchos hombres fueron enviados a batallar a Tierra Santa en las Cruzadas. Esto produjo que no pocas mujeres quedaran solas y decidieran vivir en el entorno seguro que les procuraban los beaterios.

Los begijnhof eran unos recintos rodeados de muros y en algunos casos incluso con fosos, en los que se cerraban las puertas entre el atardecer y el amanecer. De hecho, funcionaban en cierta medida de manera autosuficiente y en su interior había casas, iglesias, edificios auxiliares, espacios verdes y algún pequeño huerto.

¿Quiénes eran las beguinas?
Las beguinas eran mujeres solteras o viudas que se entregaban a una vida piadosa y devota, pero que seguían siendo seglares y mantenían cierto contacto con el exterior de la comunidad.
Las beguinas debían seguir tres reglas principales:
1. Mantener la “pureza”, esto es, no mantener relaciones carnales.
2. Acatar la autoridad de la Gran Maestra o Gran Señora (Grootjuffrouw en neerlandés) algo así como la madre superiora en los conventos.
3. Y respetar la autoridad de Dios.
Lo cierto es que las beguinas llevaban una vida, en cierto modo, similar a las monjas de los conventos, asistiendo a misa todos los días, leyendo salmos y rezando. Sin embargo, la diferencia principal era que las beguinas podían conservar sus bienes, si los tenían. Mientras que las monjas debían entregarlos a la orden religiosa ya fueran tierras, dinero o enseres.

Además, mientras que las hermanas hacían votos monásticos perpetuos, las beguinas eran libres de irse o contraer matrimonio, aunque para ello debían abandonar el beaterio semanas antes de la boda.
Las beguinas pobres, por su parte, debían trabajar para ser admitidas en el beaterío, por ejemplo, haciendo encajes, cocinando dulces o lavando la ropa a las gentes de la ciudad.
Las mujeres también podían salir del beaterio para ir al mercado o hacer otros recados, no era por tanto una vida de clausura.
Breve historia
La aparición de los beguinajes (o beaterios) a principios del siglo XIII se debió a una conjunción de factores sociales, políticos, religiosos y económicos.
Por un lado, la enorme desproporción entre mujeres y hombres, debido principalmente a las guerras.
El Papa Inocencio III organizó la Cuarta y Quinta Cruzada en Tierra Santa, la lucha contra los cátaros, la quema de herejes y otras atrocidades.

No sorprende por tanto que el papa aceptara el movimiento religioso de las beguinas en 1216. Esto originó en años posteriores la aparición de numerosos beaterios desde Francia a Escandinavia. Aunque unos pocos como el Gran Beaterio de Lovaina es muy posible que llevaran algún tiempo funcionando. Lo cierto es que en apenas 30 años (1234-1264) surgieron más de veinte begijnhofs por todo Flandes.
El recinto de los beaterios proporcionó entonces no solamente seguridad sino también una mayor calidad de vida a las mujeres solas.
Tras el Concilio de Vienne de 1313, la iglesia tomó medidas para controlar estas comunidades religiosas que no estaban adscritas a la iglesia oficial. Y muchos beaterios, sobre todo, en los territorios de la actual Alemania fueron cerrados. De manera que los beguinajes quedaron prácticamente restringidos a los Países Bajos y Flandes, donde siguieron creciendo hasta alcanzar su apogeo en el siglo XV.
Los conflictos religiosos perjudicaron enormemente a las beguinas, que no conocieron un nuevo periodo de prosperidad hasta la segunda mitad del siglo XVII.

Los beguinajes comenzaron a languidecer definitivamente en el siglo XIX y la última beguina, Marcella Pattyn, murió en 2013 con 93 años en el beaterio de Kortrijk.
En la actualidad la mayoría de casas de los beaterios flamencos se encuentran en manos privadas. De hecho, en algunos casos como Kortrijk son muy apreciadas y se encuentran entre las viviendas más caras de la ciudad.
Juana de Constantinopla
La Condesa de Flandes y Hainaut, Juana de Constantinopla (1199/1200-1244) fue un personaje esencial en la primera mitad del siglo XIII. Además, Johanna van Constantinopel (en neerlandés) ejemplifica perfectamente las dificultades de las mujeres de la época, incluso de las nobles y gobernantes como ella.

Su padre el Conde Balduino marchó a las cruzadas cuando ella apenas era una niña, dejando a su madre embarazada de su hermana Margarita. Su madre María murió en 1204 y su padre un año después.
El Condado de Flandes era por entonces un estado vasallo de Francia, por lo que el rey francés mandó llevar a las dos niñas a la corte de Francia, dejando a su tío como regente.
Cuando contaba con doce o trece años casaron a Juana con Fernando de Portugal que la doblaba en edad. Este se enfrentó más tarde a Francia y fue capturado, por lo que estuvo preso más de doce años. Esto obligó a la joven Condesa Juana a gobernar en solitario todo ese tiempo, haciendo frente incluso a rebeliones internas.
Durante su gobierno la prosperidad de las ciudades flamencas se incrementó notablemente, fundó varios hospitales, abadías, un hospicio en Lille y varios beaterios entre los que destaca el beguinaje de Kortrijk en 1238. Precisamente en un lugar preminente de este beaterio se alza una estatua en honor a Juana de Constantinopla.
A su muerte en 1244 le sucedió su hermana Margarita que prosiguió su labor fundando varias abadías y beguinajes.

Patrimonio de la Humanidad
La Unesco decidió en su asamblea de noviembre de 1998 inscribir a 13 beaterios flamencos en la lista de Patrimonio de la Humanidad.
La Unesco valoró especialmente su arquitectura típicamente flamenca y la tradición religiosa de las beguinas, un hecho histórico único de esta región del norte de Europa.
En todo caso, hay varios conjuntos no incluidos en la lista de la Unesco que también merece la pena visitar como el beaterio de Amberes o el Pequeño beaterio de Malinas.
Aunque existen beguinajes (o vestigios de ellos) en el norte de Francia, la región belga de Valonia, Países Bajos y Alemania lo cierto es que sólo en Flandes se han conservado tal y como fueron en su día.
Los beaterios declarados Patrimonio de la Humanidad son:
Región de Amberes: Hoogstraten, Lier, Gran beguinaje de Malinas y Turnhout.
Flandes Oriental: Dendermonde, Pequeño beguinaje de Gante y Beguinaje de Santa Isabel en Gante.
Limburgo: Sint-Truiden y Tongeren.
Brabante flamenco: Diest y Lovaina.
Flandes Occidental: Brujas y Kortrijk (Cortrique).
Mapa de los 13 beaterios flamencos

Beguinajes con más encanto
Hemos recorrido Flandes casi de punta a punta y hemos visitado una decena de beaterios. Son lugares fascinantes que te trasladan cuatro o cinco siglos atrás, con sus callejas empedradas, sus casitas de ladrillo y su ambiente tranquilo.
No todos los beaterios, evidentemente, han podido soportar el paso del tiempo, las guerras o el olvido. Muchos fueron destruidos, desaparecieron engullidos por las ciudades y otros han quedado desfigurados o convertidos en almacenes medio abandonados como el que encontramos en la localidad valona de Tournai.
Sin embargo, otros son espléndidas muestras de aquellos conjuntos arquitectónicos medievales únicos en el mundo. Estos son nuestros beaterios favoritos:
Gran beaterio de Lovaina
Se trata de uno de los beguinajes de mayor tamaño, ya que cubre 3 hectáreas de terreno con casi 100 casas y 300 viviendas.
Las casas están repartidas en torno al río Dyle que se bifurca en varios brazos creando los distintos barrios del beaterio. Uno de ellos se llama precisamente Spaans Kwartier, es decir barrio español, ya que fue una ampliación realizada en el siglo XVII cuando los Países Bajos y Flandes estaban bajo dominio español. Precisamente gran parte de las casas pertenecen al periodo de 1630-1670, aunque las hay más antiguas.
El Gran beaterio de Lovaina (Grootvan Leuven) parece una pequeña ciudad dentro de otra y ello le proporciona un encanto muy especial.
Aquí vivieron beguinas hasta 1980, veinte años antes la Universidad de Lovaina había adquirido la propiedad y se ocupó de restaurar todo el complejo. Hoy las casas del beaterio están destinadas a vivienda de estudiantes y profesores universitarios lo que permite que todo el recinto esté bien cuidado.

Beaterio de Cortrique (Kortrijk)
La injustamente poco conocida ciudad de Cortrique posee un patrimonio histórico de lo más interesante y además uno de los beaterios más encantadores de Flandes.
El beaterio fue fundado por Juana de Constantinopla en 1238, sin embargo, la fronteriza Kortrijk sufrió en varias ocasiones la invasión de las tropas francesas que no dudaron en destruir el beaterio repetidamente. Por ello, el begijnhof tuvo que ser reconstruido y las casas que encontramos hoy datan todas del siglo XVII.
En el beaterio de Cortrique destaca la plazuela que hay tras la puerta principal en la que podemos ver a un lado la capilla y junto a ella la estatua de la fundadora la Condesa Juana. Al otro lado está la Casa de la Gran Señora, una imponente y preciosa casa de fachada escalonada que destaca entre las demás casitas encaladas mucho más humildes.
Beaterio de Lier
A 15 minutos en tren de Amberes o Malinas encontramos la pequeña ciudad de Lier, que cuenta sin embargo con uno de los beaterios más atractivos de Bélgica.
Este es quizá uno de los beguinajes más compactos, situado en el extremo sur de la ciudad y protegido no solamente por altos muros sino también por el río Nete que le rodea por varios lados.
El beaterio de Lier posee más de 160 casas repartidas en una docena de calles formando una cuadricula donde solo sobresale la barroca iglesia de Santa Margarita.

Probablemente la cercanía del río ha provocado que muchas casas y el propio empedrado sufrieran desperfectos por la humedad y el terreno inestable. Por ello ya en 2022 se emprendió un proyecto por fases de restauración integral del beaterio de Lier que finalizará en 2028. A pesar de ello la visita al beaterio de Lier es más que recomendable.
Artículo escrito por David
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