
Lille (Lila en español), fue en otro tiempo una urbe industrial y gris situada en el extremo norte de Francia, junto a la frontera belga. Hoy, sin embargo, la capital del departamento de Hauts-de-France se muestra como una ciudad joven y dinámica, con un centro histórico muy atractivo y varios museos de primer orden.
Su situación geográfica estratégica la convirtió ya en el siglo XIX en el nudo ferroviario más importante del norte de Francia. Algo que con la aparición de la alta velocidad permite llegar rápidamente a Lille desde varias capitales de Europa occidental: en una hora aproximadamente desde Bruselas o Paris y menos de 1,30h desde Londres.

El casco antiguo, conocido como Vieux Lille, posee un gran encanto, con callejas empedradas, tiendas tradicionales y numerosos edificios de los siglos XVII y XVIII. El Vieux Lille tiene un innegable aire a ciudad flamenca, ya que perteneció al Condado de Flandes durante siglos.
Otro de los alicientes para visitar Lille es degustar la gastronomía local, en especial las excelentes pastelerías y panaderías (pâtisseries et boulangeries) que salpican el centro de la ciudad.
En todo caso, uno de sus máximos atractivos se encuentra a 10 kilómetros de distancia, en la localidad de Roubaix. Aquí encontramos el exquisito Musée La Piscine, un museo de arte instalado en el interior de una piscina art decó.
Y algo más allá, al otro lado de la frontera se pueden visitar las interesantes ciudades belgas de Kortrijk y Tournai con las que ha tenido una estrecha relación a lo largo de la historia.
Para conocer más, es buena idea reservar alguna de las visitas guiadas en Lille de Civitatis.

Breve historia
Fundación
Según la leyenda, en el año 640 Lydéric vengó el asesinato de sus padres matando al gigante Phinaert, tras lo cual se hizo con las posesiones de este y fundó L’ille (la isla), de donde provendría el nombre de la ciudad.
La primera mención que se conoce de la villa es en una carta fechada en el 1066, relacionada con una donación de Balduino V, conde de Flandes, a la colegiata de Saint Pierre, hoy desaparecida.
Condado de Flandes
Durante la Edad Media, Lille (Rijsel en neerlandés) perteneció al Condado de Flandes, mientras que este, a su vez, era un estado vasallo de Francia. Sin embargo, Flandes tenía fuertes vínculos comerciales con Inglaterra y el Sacro Imperio Romano Germánico, potencias enemigas de Francia. Esto enfureció a los reyes franceses, que invadieron Flandes y ocuparon Lille en numerosas ocasiones.

Ciertamente este puerto fluvial poseía una pujante industria de paños, lo que provocó que fuera una plaza codiciada por varias potencias europeas.
Tras la Guerra franco-flamenca (1297-1305) y pese a la brillante victoria de Flandes en Kortrijk (1302), finalmente tuvo que firmar la paz y ceder el sur de sus territorios, entre ellos Lille, a Francia.
Sin embargo, Francia perdió la ciudad décadas después (en la Guerra de los Cien años), que pasó a manos de los Duques de Borgoña. Estos gobernaban también el Condado de Flandes gracias a una hábil política matrimonial.
Ya a finales del siglo XV Flandes pasó a ser gobernado por los Habsburgo y tras el matrimonio de Felipe con Juana de Castilla se convirtieron en los Países Bajos españoles.
Durante el siglo XVII Lille tuvo la que se considera su edad dorada, un periodo en el que creció enormemente y que coincidió especialmente con el gobierno de Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II de España. Algo más tarde se construyó la Vieille Bourse (1652) considerado el más bello edificio de Lille.

Ciudad francesa
En el último tercio del siglo XVII, el rey absolutista Luis XIV comenzó una estrategia expansionista que le llevó a invadir Flandes, con la excusa de los derechos sucesorios de su esposa, hija de Felipe IV de España. Las tropas francesas conquistaron Lille en julio de 1667 y el rey ordenó fortificar esta estratégica plaza al marqués de Vauban, el gran arquitecto militar de la época.
Con la revolución industrial del siglo XIX Lille se convirtió en un importante centro industrial, especialmente en la manufactura textil y también en la metalurgia, gracias a los yacimientos cercanos de carbón.
Esto atrajo a numerosos obreros de otras regiones y la población se multiplicó en apenas 50 años superando los 200.000 habitantes hacia 1900.
Las dos guerras mundiales golpearon duramente a esta ciudad fronteriza y ante la crisis industrial y el paro posterior Lille tuvo que reinventarse a finales del siglo pasado.
La instalación de la alta velocidad ferroviaria, la apertura del Eurotunnel que la conectaba con Reino Unido, la rehabilitación del casco antiguo y la construcción de un distrito financiero propiciaron la reconversión.

Qué ver en Lille
La Grand Place y la Place du Théâtre
Estas dos amplias plazas contiguas constituyen el centro neurálgico de Lille, lugar de reunión de los lillois y también de los cada vez más numerosos turistas.
La Grand Place es un lugar ideal para ir de tiendas o tomar un café en una de las numerosas terrazas que se desparraman por la explanada, contemplando a la gente y los edificios históricos que la rodean. Esta antigua Plaza del mercado resulta en esencia similar a otras plazas mayores de Flandes como Malinas o Amberes.
El enorme edificio art decó de La Voix du Nord (el periódico local) preside la plaza, mientras que a su lado está el elegante Teatro del Norte con sus dos escaleras a los lados.
En realidad, el nombre oficial de la Grand Place es Plaza del General De Gaulle, en honor al ilustre militar que lideró la resistencia francesa contra los nazis y después fue Presidente de la República. De hecho, la casa natal de Charles De Gaulle se encuentra apenas a un kilómetro de esta plaza y hoy es un museo visitable.
Al otro lado, la Place du Théâtre cuenta también con dos edificios de gran interés: por un lado, la Ópera de Lille y por otro la Cámara de Comercio.

La Ópera de Lille es un edificio refinado con una gran escalinata, muy similar a otras óperas europeas de estilo neoclásico de la época.
Por su parte, la Cámara de Comercio corta el cielo con un esbelto campanario (beffroi) de 76 metros de alto. Este llamativo edificio rinde homenaje al Renacimiento Flamenco y recuerda en algunos aspectos a la Universidad de Lovaina, otro edificio de estilo neoflamenco de principios del siglo XX.
La Antigua Bolsa
Situado entre las dos plazas anteriores se halla la preciosa Vieille Bourse (la antigua Bolsa de Comercio) construida en 1652-53 cuando Lille todavía pertenecía a los Países Bajos españoles.
Se trata de un edificio singular del Renacimiento flamenco cuando ya el barroco se había impuesto en gran parte de Europa, formado por 24 viviendas idénticas que rodean un patio interior.
Destaca su llamativo colorido y su decoración exuberante con numerosas guirnaldas, cornucopias y pilastras que se convierten en atlantes y cariátides. En lo alto de la torrecilla encontramos, como no podía ser de otro modo, la estatua de Mercurio, dios del comercio.

En el interior del patio de columnas suele instalarse un mercadillo de libros de segunda mano, en el que podrán disfrutar los que gusten de leer en el idioma de Molière.
Vieux Lille
El extremo más estrecho de la Place du Théâtre se adentra en el quartier du Vieux Lille o lo que es lo mismo, el Barrio del Viejo Lille.
Sin ninguna duda es la zona con más encanto y que invita a pasear por sus agradables callejas empedradas y escaso tráfico. Puede ser muy grato explorar el barrio y perderse sin rumbo fijo, ya que casi todas las calles tienen su atractivo y una agradable armonía arquitectónica. Todavía se conservan muchas casas de ladrillo de los siglos XVII y XVIII, con buhardillas y tejados a dos aguas, típicas de esta parte de Europa.
Hay muchos rincones con encanto y uno de ellos es la Place aux Oignons, una plazuela rodeada de callejuelas peatonales y repleta de restaurantes y cafeterías que expanden sus mesas por donde buenamente se puede. Con el buen tiempo es recomendable reservar o será casi imposible conseguir una de las codiciadas mesas.

Otra de los lugares más bonitos es la Place Louise de Bettignies, dedicada a una heroica agente secreta que luchó contra los alemanes en la Lille ocupada de la Primera Guerra Mundial.
A poca distancia se alza la mole de la catedral de Lille, un templo poco agraciado que no puede ocultar que tardó en construirse casi 150 años, debido a todo tipo de contratiempos: falta de fondos, litigios y guerras. Se comenzó por el coro en 1856 en estilo neogótico y se acabó con una fachada plana de mármol en 1999.
Pese a la extraña amalgama de estilos del exterior, el interior es mucho más atractivo, en especial la capilla principal, dedicada a Notre-Dame-de-la-Treille, una imagen de la virgen del siglo XIII.
Las pastelerías y confiterías son casi una religión en el centro de Lille. La más famosa y selecta es seguramente Meert, a dos pasos de la Grand Place. Sus pasteles no solamente son exquisitos, sino que la propia tienda ya es una obra de arte. Otras pastelerías muy recomendables y algo menos concurridas son Aux Merveilleux de Fred y la Pâtisserie au Lion d’Or. No hay que irse sin probar el famoso Gofre relleno lilés (Gaufres fourrées lilloises).

Museo del Hospicio Condesa
En el corazón del Vieux Lille encontramos l’Hospice Comtesse, el conjunto de edificios históricos más interesante de la ciudad. Este hospicio fue fundado en 1237 por la Condesa de Flandes, Juana de Constantinopla. La condesa construyó por todo Flandes hospitales, hospicios y también el beaterio de Kortrijk, considerado uno de los más bonitos.
Las monjas agustinas gestionaron durante 500 años el hospicio en el que acogían a enfermos y peregrinos, hasta 1940. Veinte años después abrió sus puertas de nuevo, pero ya como museo etnográfico e histórico.
El museo se divide en varias secciones, una primera con exposiciones temporales junto a la bonita capilla. Después se accede a las estancias del antiguo hospicio: la cocina, la lavandería, el refectorio y una farmacia propia, todo ello hace trasladarse al visitante 300 años atrás.
Merece la pena detenerse en los pequeños detalles, los preciosos azulejos pintados a mano de la cocina, las hierbas y especias de la farmacia o una prensa para secar la ropa del siglo XVII.
En la planta superior se exponen cuadros de pintura flamenca y francesa, tapices, mobiliario y globos terráqueos de la época.

Qué más ver en Lille
Palacio Rihour
La oficina de turismo convertida en algo parecido a una tienda de recuerdos, se halla instalada en la planta baja de lo que queda del Palacio Rihour.
Felipe III de Borgoña mandó construir este palacio gótico a mediados del siglo XV, sin embargo, el terreno pantanoso e inestable y sucesivos incendios lo destruyeron. El palacio fue totalmente reconstruido a mediados del XIX, pero otro incendio en 1916 hizo que fuera derribado y levantado de nuevo. Sin embargo, la escalera y capilla gótica se conservaron en la parte trasera y mantienen su encanto medieval.
Iglesia de San Mauricio
No muy lejos, la Église Saint-Maurice es un templo en origen de estilo gótico brabantino, cuyas obras se realizaron fundamentalmente en el siglo XV. Aunque posteriormente se añadieron capillas laterales y sufrió una ampliación neogótica a mediados del XIX, lo cierto es que San Mauricio a diferencia de la catedral posee una indudable homogeneidad.
Palacio de Bellas Artes
A menos de 10 minutos a pie de la Grand Place está el Palais des Beaux-Arts de Lille, uno de las grandes pinacotecas francesas que pueden encontrarse fuera de París. Su colección destaca en pintura francesa y flamenca de los siglos XVII al XIX, aunque tiene obras muy destacables de otros periodos y procedencias. Destacan las obras de Rafael, Rembrandt, Goya, Delacroix o Toulouse-Lautrec. Este inmenso museo se abre a un agradable parque muy apreciado por la gente del barrio.

Ciudadela de Lille
El ingeniero militar Sébastien Le Prestre, Marqués de Vauban construyó la ciudadela de Lille en 1668 apenas unos meses después de ser conquistada por el rey Luis XIV.
Solo puede visitarse mediante reserva previa, ya que sigue siendo una instalación militar, en todo caso merece la pena llegar hasta la imponente Porte Royal y pasear por los jardines que rodean la ciudadela.
Durante 40 años Vauban levantó docenas de inexpugnables fortalezas y ciudadelas en puertos y ciudades fronterizas de Francia, así mismo, reforzó los sistemas defensivos ya existentes en otras 300 localidades. Su legado en la arquitectura militar es tal que doce de sus construcciones fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad.
Las fortificaciones en forma de estrella se extendieron por toda Europa en el siglo XVII, buenos ejemplos de ellos son las que encontramos en Lille, Elvas (Portugal) o Kinsale (Irlanda).

Antiguas Puertas
Del antiguo sistema amurallado de Lille quedan algunos vestigios. Se han conservado cuatro de las puertas de acceso a la ciudad, la más interesante es la Puerta de Gante construida por los españoles en 1621.
En dirección sur encontramos la remozada Puerta de Paris, situada junto al Ayuntamiento de Lille. El consistorio (Hôtel de Ville) presume de otro alto campanario (o beffroi) al que se puede subir para admirar las vistas de los barrios más modernos.
Barrio de Wazemmes
Este barrio popular es uno de los más multiculturales de Lille y un buen sitio si se desea probar cocinas exóticas de África o el Oriente Medio en algunos de sus modestos restaurantes.
La calle principal, Rue Leon Gambeta, comienza junto al Museo de Bellas Artes y cruza el barrio de punta a punta hasta más allá del Mercado de Wazemmes. Este mercado cubierto es la gran atracción del barrio, plagado de puestos de verduras, frutas, pescados o carnes de lo más apetecibles.

Museo La Piscina (Roubaix)
Desde el centro de Lille tomando el tren o el metro se llega a la localidad de Roubaix en apenas media hora. Merece la pena simplemente por ver uno de los museos más hermosos y deslumbrantes del mundo.
Su nombre oficial, ciertamente algo rimbombante es: La Piscine, Musée d’art et d’industrie André-Diligent.
Entre 1927 y 1932 el arquitecto Albert Baert, construyó una piscina olímpica de uso público en estilo art decó. Su planta y su bóveda recuerda, no casualmente, a la de una abadía, y sus espectaculares vidrieras, una a cada lado de la piscina son como un refulgente sol.
La piscina nació para que la abundante población de la zona tuviera acceso a unos baños públicos y en ella se congregaron durante años la clase trabajadora y la clase alta, hasta su cierre en 1985.
Finalmente, La Piscine reabrió sus puertas en 2001 convertida en museo con una colección de arte impresionante centrada principalmente en la segunda mitad del XIX y la primera del XX.

Destaca especialmente la escultura, situada en los flancos de la propia alberca, con obras de artistas como Auguste Rodin, Camille Claudel o Antoine Bourdelle. Pero eso no es todo, en los pasillos laterales pueden encontrarse también óleos de Odilon Redon, Émile Bernard o cerámicas de Picasso.
Si sobra algo de tiempo, no está de más visitar también la amplia Grand Place de Roubaix con su fastuoso Ayuntamiento de 1911.
Dónde dormir en Lille
Si se quiere hacer noche en el encantador barrio del Vieux Lille, nada mejor que el Hotel De La Treille, muy cerca del Hospicio de la Condesa.
Aunque puede ser más práctico tener el alojamiento cerca de las estaciones de tren, en ese caso puede ser una buena opción el Mama Shelter Lille que presume de un desayuno fabuloso.
Artículo escrito por David

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