Una excursión imprescindible desde San Cristóbal de las Casas a Chamula y Zinacantán
Iglesia y cementerio de San Sebastián  (Chamula)

Iglesia y cementerio de San Sebastián (Chamula)



Pueblos indígenas en torno a San Cristóbal

Cualquier viajero que recorra el Sur de México debería detenerse en San Cristóbal de las Casas. La segunda ciudad del estado de Chiapas, reúne un legado colonial magnífico junto con una población mayoritariamente indígena. La influencia española asimilada y mezclada con la cultura indígena, a la que se añade en los últimos años un creciente número de turistas ha convertido a San Cris en una curiosa urbe cosmopolita y a la vez muy provinciana.

Pero es en especial en los pueblos de alrededor, menos permeables a las influencias externas, donde la población indígena ha podido mantener gran parte de sus tradiciones. Las cercanas aldeas de San Juan Chamula y Zinacantán son buena muestra de ello y son una visita obligada para todo viajero interesado por la cultura indígena.

Chiapas es el segundo estado de México con mayor número de grupos indígenas (después de Oaxaca). En muchos de estos pueblos apenas se escucha el español y los visitantes son todavía mirados con recelo.

Vendedoras tzotziles frente a la catedral de San Cristóbal

Vendedoras tzotziles frente a la catedral de San Cristóbal

En torno a San Cristóbal de las Casas, una región no siempre bien comunicada, agreste y de carreteras sinuosas, se dispersan un puñado de pueblos y aldeas habitados en su mayoría por tzotziles, un grupo étnico descendiente de los mayas. Se calcula que el pueblo tzotzil cuenta en torno a 225.000 individuos diseminados por el Este mexicano (en especial Chiapas, Tabasco y Campeche) y otros países centroamericanos.

Excursión con guía a Chamula y Zinacantán

Se puede llegar fácilmente a estas localidades por libre, tomando una combi desde San Cristóbal, tal y como hacen los lugareños. Pero esta visita es recomendable hacerla con un guía especializado.

La comunidad tzotzil de Chamula tiene de facto un autogobierno y se rige por sus propias leyes. Las autoridades gubernamentales mexicanas no han podido plegar a este belicoso pueblo indígena y sus tradiciones ancestrales.
Es conveniente conocer sus costumbres y la mejor manera de comportarse entre los tzotziles para no provocar ningún conflicto con ellos. Visitar estos pueblos, contemplar su indumentaria o asistir a sus ritos sin saber sus causas y orígenes es como intentar leer un libro en un idioma desconocido.

Primero Avenida Central de San Juan de Chamula

Primero Avenida Central de San Juan de Chamula

En San Cristóbal existen numerosas agencias turísticas que ofertan excursiones a los mayores atractivos de la región: las ruinas mayas de Palenque, el Cañón del Sumidero y la visita a San Juan Chamula y Zinacantán.

Alex y Raúl Tours es una pequeña agencia recomendada en numerosas guías y blogs. Para realizar la visita con ellos basta con pasarse cualquier día en torno a las 9-9:30h junto a la Cruz que hay frente a la fachada de la Catedral de San Cristóbal de las Casas.
Raúl lleva más de 30 años como guía en la región y aunque no pertenece a la etnia tzotzil se ha ganado el aprecio de las comunidades locales por su respeto y profundo conocimiento de sus tradiciones.

Qué ver en Chamula

El cementerio y la Avenida

El corto viaje, de una media hora, se realiza en unas pequeñas furgonetas o combis con capacidad para unos 6-7 pasajeros. La visita comienza en las afueras de San Juan Chamula, junto a las ruinas de la iglesia de San Sebastián y su cementerio adyacente. El camposanto, destartalado, descuidado e invadido de malas hierbas, tiene sin embargo un curioso encanto por sus cruces y lápidas de distintos colores, que dependen según parece de la edad del finado.

Iglesia de San Juan Bautista de Chamula

Iglesia de San Juan Bautista de Chamula

En dirección al centro, Chamula se muestra como un pueblo especialmente humilde y feo. Cubierto de casas de una o dos plantas, construidas con materiales muy baratos y asequibles: bloques de hormigón, ladrillos, maderas y cemento.
Muchas de las viviendas ni siquiera están pintadas o enlucidas por lo que tienen un aspecto desaliñado, como sin acabar y el conjunto carece del más mínimo plan urbanístico. No hay grandes monumentos, salvo la iglesia, que ver en San Juan Chamula. La riqueza de la aldea tzotzil reside en sus gentes que han sabido mantener sus tradiciones y cultos prehispánicos.

Como su imponente nombre indica, Primero Avenida Central es la vía principal de Chamula. Es una calle peatonal y comercial muy animada por la que pasean los chamulas sobre un piso decorado casi lujoso. La calle se encuentra bordeada de edificios pintados de vivos colores, grandes carteles y decenas de comercios, algunos incluso dirigidos a los turistas.

Llama la atención la vestimenta de las mujeres, muy similar en todas: falda negra, mantón o rebeca de un único color y una bonita trenza de pelo negro azabache. Con suerte uno puede cruzarse con uno de los mayordomos, con su chaleco de borrego blanco, considerados las autoridades civiles de Chamula. Los visitantes pueden realizar fotografías panorámicas pero deben evitar fotografiar a individuos concretos ya que los tzotziles creen mayoritariamente que les captura el alma. Quizá por eso los turistas que llegan hasta aquí reciben a menudo miradas de recelo.

Detalle de la fachada de la Iglesia de San Juan Bautista de Chamula

Detalle de la fachada de la Iglesia de San Juan Bautista de Chamula

Si uno se desvía de la arteria principal puede encontrar algunas cruces bellamente talladas, pintadas de verde esmeralda y una decoración naíf.

En algunos casos se puede visitar viviendas comunes que los chamulas de cada barrio han decorado como un pequeño santuario o capilla. Esta es una de las razones por las que resulta recomendable la visita con un guía especializado, ya que la comunidad no permite a cualquiera acceder a estos insospechados lugares santos.
El interior resulta tan modesto como interesante. Se trata de una sala exigua, casi cuadrada y diáfana con una primera zona de sillas junto a las paredes y al fondo una especie de curioso túnel creado con ramas y flores y en el centro una sencilla mesa con algunos brebajes autóctonos.

Iglesia de San Juan Bautista de Chamula

El edificio más destacable de Chamula es, sin duda, la iglesia de San Juan Bautista. Frente a la fealdad circundante, la fachada de esta iglesia es probablemente de las más bellas de todo México. Las arquivoltas de la portada pintadas de verde, con motivos vegetales y geométricos tienen gran encanto. Mientras que en la parte alta, la fachada culmina en una elegante espadaña con tres campanas.

En su interior, en el que está absolutamente prohibido tomar fotos o videos, puede contemplarse como esta comunidad tzotzil ha mezclado la influencia cristiana con sus rituales y creencias prehispánicas.

Plaza de la Paz y Ayuntamiento de Chamula

Plaza de la Paz y Ayuntamiento de Chamula

El aspecto exterior de la iglesia de San Juan Bautista no difiere demasiado de otros templos coloniales mexicanos, mientras que su interior, tenuemente iluminado, posee una atmósfera casi mística. Los santos, decorados con espejos y cintas de colores, se encuentran en hornacinas de madera. Agolpados uno tras otro junto a las paredes y frente a ellos, cientos de velas encendidas. El resto del templo permanece diáfano con el suelo tapizado de pinocha, las finas hojas del pino, considerado un árbol sagrado. Aquí es donde tienen lugar unos singulares ritos paganos de una importancia etnográfica indudable.

Sobre el propio piso, los creyentes hincados de rodillas improvisan pequeños altares con velas de distintos tamaños y colores, ofrendas con bebidas (en especial Coca Cola) y también en algunos casos sacrificios de pollos.

Parece perfectamente comprensible que los tzotziles intenten preservar esta atmósfera de espiritualidad frente a los turistas ávidos de fotografiar todo.

Iglesia de San Lorenzo de Zinacantán

Iglesia de San Lorenzo de Zinacantán

La plaza de la Paz

Frente a la iglesia se abre una gran explanada, la plaza de la Paz, donde los domingos se celebra un concurrido mercado, al que acuden vendedores y curiosos de todos los alrededores. Allí se puede comprar desde frutas y verduras a telas, objetos religiosos y souvenirs. El resto de la semana también puede encontrarse algunos puestos dispersos de empanadas, papas y fruta, así como vendedoras que acosan a los turistas con telas y zurrones coloridos de aspecto poco tradicional.

A un lado de la plaza se encuentra el Ayuntamiento, la otra gran construcción del pueblo. Se trata de un edificio de color ocre y cierto aire señorial, con una decena de grandes arcadas en su fachada. Y tras él, el edificio del Mercado de Artesanías por el que merece la pena darse una vuelta en busca de alguna ganga.

Taller familiar de tejedoras en Zinacantán

Taller familiar de tejedoras en Zinacantán

Qué ver en Zinacantán

Iglesia de San Lorenzo

A apenas 7 kilómetros se asienta Zinacantán otro pueblo tzotzil, que sin embargo transmite la sensación de estar más cuidado, menos caótico que Chamula. Además aquí los habitantes no parecen tan desconfiados con los visitantes.
En el centro del pueblo se levanta la iglesia de San Lorenzo, pintada de blanco pulcro y de una encantadora sencillez. El conjunto posee gran encanto ya que conserva el muro del recinto, un quiosco de dos pisos y una ermita lateral y algunos árboles majestuosos además de la iglesia.

Visita a un taller textil de Zinacantán

Zinacantán es famoso por las esplendidas telas que se tejen en el pueblo. Y es la razón por la que muchos viajeros se acercan hasta aquí. En San Cristobal y otros lugares turísticos de Chiapas como Palenque no es complicado encontrar en las tiendas prendas de vestir y telas, pero la mayoría de ellas han sido tejidas a máquina.

Sin embargo, en Zinacantán abundan los talleres textiles, habitualmente familiares, donde se tejen a mano hermosas prendas.
Merece la pena visitar uno de estos talleres y contemplar el minucioso y espléndido trabajo de las mujeres, ya que según parece, esta es una labor destinada únicamente a ellas.

Los telares se sitúan normalmente en el interior de las casas o en todo caso en los patios de esas viviendas privadas. Donde pueden llegar a trabajar hasta tres o cuatro generaciones de la misma familia.

Mantas tejidas a mano. Zinacantán

Mantas tejidas a mano. Zinacantán

Las mujeres utilizan telares tradicionales que las obligan a tejer de rodillas durante horas, lo que sin duda resulta muy duro y penoso.

Estos talleres cuentan normalmente con una pequeña tienda en la que los visitantes pueden comprar telas, bolsos y huipiles de gran belleza. Lógicamente los artículos son más caros que los que se puedan encontrar en los mercadillos, pero la diferencia de calidad es casi abismal. Y además, en este caso, se puede estar seguro que el dinero pagado llega íntegro a la familia que tejió el producto.

Enlaces de interés:
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