Que ver en México DF con poco tiempo. El Zócalo y el Museo de Frida Kahlo
Patio interior de la Casa de los Azulejos

Patio interior de la Casa de los Azulejos

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Probablemente a un habitante de la capital mexicana le parecerá que un día es un tiempo muy escaso para visitar, conocer y callejear la ciudad. Y tiene toda la razón, Ciudad de México cuenta con varios barrios y lugares de indudable interés, pero algo alejados entre sí. Esto, en una ciudad descomunal en extensión y con más de 9 millones de habitantes (22 en su área metropolitana) hace que los desplazamientos se puedan dilatar de manera imprevisible.

El tráfico en los dos días que estuvimos nos pareció infernal, más de una hora para recorrer apenas unos kilómetros.En cuanto a la seguridad en el transporte, nosotros contratamos un par de taxis en las oficinas del aeropuerto y un Uber en su app, que nos parecieron además muy baratos para el tiempo que permanecimos en su interior. Esta es una manera bastante segura de desplazarse, puesto que los propios mexicanos nos avisaron de no parar taxis en la calle. El metro tampoco goza de demasiada buena fama, aunque la única vez que lo tomamos nos pareció de lo más rápido y práctico. Supongo que en hora punta con miles de personas en los andenes será algo muy distinto.
(Si quieres saber más sobre la seguridad para los turistas. Puedes leer: ¿Es seguro viajar a México?)

Con tan poco tiempo decidimos centrarnos en pocos lugares, que pudiéramos recorrer por nosotros mismos, fundamentalmente el Centro histórico, interesante y no muy extenso y el coqueto Barrio de Coyoacán, famoso porque en él se asentaron algunos de los artistas mexicanos más renombrados.

Paseo de la Reforma y Ángel de la Independencia

Decidimos avanzar hacia el centro sin prisa, paseando por el inacabable Paseo de la Reforma, una ostentosa avenida de casi 15 kilómetros de longitud, que recorre toda la parte Oeste de la ciudad, describiendo una ondulada diagonal. En sus márgenes se asentaban multitud de edificios altos y acristalados, sedes de grandes empresas comerciales y financieras.

Catedral metropolitana de Ciudad de México

Catedral metropolitana de Ciudad de México

En un momento dado, el Paseo de la Reforma estaba flanqueado por el Bosque de Chapultepec, el parque más importante de la ciudad, que cobija a su vez el zoológico y varios de los museos más interesantes de la capital.
Un poco más allá nos topamos con el Monumento a la Independencia, conocido popularmente como el Ángel, uno de los símbolos de la ciudad y que fue construido en 1910 en tiempos de Porfirio Díaz, celebrando el centenario de la independencia mexicana. Quienes hayan visitado Berlín encontrarán no pocas similitudes con la Columna de la Victoria, muy cercana al Parlamento alemán.

Alameda Central y Palacio de Bellas Artes

Después de un buen rato, torcimos por la Avenida Juárez y llegamos a la bonita Alameda Central, un pequeño pero agradable jardín, que nos servía de entrada al Centro histórico de Ciudad de México. En el extremo oriental,la Alameda se hallaba custodiada por algunos de los edificios más emblemáticos de Ciudad de México. En particular, el Palacio de Bellas Artes con sus famosas cúpulas doradas, de cierta influencia bizantina, probablemente se trataba del museo más interesante del DF, pero tuvimos que aplazar su visita por falta de tiempo.

Muy cerca de él sobresalía La Torre Latinoamericana, un rascacielos de 182 metros de altura, tan céntrico que rodeado de edificios de apenas tres y cuatro alturas parecía un coloso.

A la sombra de la Torre se encontraba uno de los lugares más deliciosos de la capital: la Casa de los Azulejos, un elegante palacete cuyas fachadas estaban cubiertas de azulejos con decoraciones geométricas en azul y blanco. La Casa de los Azulejos había sido reconvertida en tienda y restaurante y estaba ocupada casi exclusivamente por turistas. Aun así resultaba innegable el encanto de su patio de finas columnas, faroles colgantes y murales de jardines y pavos reales.

El Zócalo y su entorno. El Palacio Nacional, la Catedral

Siguiendo la concurrida calle peatonal de Francisco I. Madero, atestada de tiendas de ropa y cafeterías de lo más estándar y globalizadas, llegamos al descomunal Zócalo. Una plaza casi cuadrada de dimensiones colosales, construida por los conquistadores españoles hacia 1523 muy cerca del centro de poder mexica. (Como suele ocurrirme en todos los viajes, me encontré con un andamio que lo cubría por entero, y que quitaron días después…)

En los cuatro laterales se asentaban algunos de los edificios más significativos de la capital mexicana, destacaba por un lado el enorme complejo del Palacio Nacional, sede de la Presidencia del gobierno. Cuya visita merecía la pena no sólo desde el punto de vista histórico sino también por admirar los famosos murales del pintor Diego Rivera.

Murales del antiguo Colegio de San Ildefonso

Murales del antiguo Colegio de San Ildefonso (Foto: Patricia)

En el costado norte se levantaba, aunque casi sería más ajustado decir, se tambaleaba la enorme mole de la Catedral metropolitana de Ciudad de México.
La catedral se comenzó en 1573 pero no se finalizó hasta casi 250 años después, lo que propició que en su construcción se utilizaran diversos estilos, primordialmente barroco y neoclásico.

La Ciudad de México se asienta sobre un antiguo lago desecado lo que provoca que el enorme peso de la catedral, la más grande de toda América, cause su propio hundimiento.
Cuando nosotros entramos en su interior sentimos una extraña sensación causada por la tremenda inclinación de muchas de las columnas y pilares del templo. El suelo estaba también claramente escorado y pese a todo, aquella obra faraónica que hincaba sus cimientos en tierra pantanosa seguía en pie 5 siglos después.

El Templo Mayor y el Colegio de San Ildefonso

Muy cerca, se encontraban las ruinas del Templo Mayor, centro de la vida ceremonial y religiosa de los mexicas. Allí dónde la tradición dice que los aztecas encontraron un águila sobre un nopal (cactus) devorando una serpiente, tal y cómo les había dicho el Dios Sol. Por ello fundaron en aquel mismo lugar una nueva ciudad. El escudo de México rememora esta bonita leyenda.

El Templo Mayor, como no podía ser de otro modo, fue saqueado y destruido por los conquistadores españoles, sin embargo se conserva todavía parte de los cimientos y de alguna pirámide, sin olvidar el interesante museo que explica minuciosamente la historia del lugar.
A dos pasos del concurrido Zócalo, pero muy lejos de las hordas de turistas y visitantes descubrimos una de las joyas secretas de Ciudad de México: el antiguo Colegio de San Ildefonso.

Construido a finales del siglo XVI por la Compañía de Jesús, el colegio tuvo una historia azarosa y fascinante ya que estuvo bajo el patronato directo de Felipe III, sin embargo dos siglos más tarde los jesuitas fueron expulsados por el rey Carlos III. Después el edificio fue utilizado como cuartel por el Regimiento de Flandes, colegio por el gobierno del virreinato y de nuevo cuartel de tropas ocupantes norteamericanas y francesas.

En la actualidad se utiliza como museo y salas de exposiciones temporales, aunque sus mejores obras son los murales que cubren gran parte de sus muros, realizados por famosos muralistas mexicanos del siglo pasado: Rivera, Orozco, Siqueiros, …
Recorrimos con deleite los corredores y patios del Antiguo Colegio de San Ildefonso, donde quizá las pinturas que más nos impactaron fueran las de las escalinatas. En ella descubrimos el impresionante mural de Hernán Cortés y su amante indígena Malinche obra de José Clemente Orozco.

Casa Museo de Frida Kahlo

Casa Museo de Frida Kahlo

El Museo de Frida Kahlo y el Barrio de Coyoacán

Volvimos hacia la Alameda Central para agarrar la línea 3 de Metro, que nos dejó en un cruce de avenidas, a las puertas del barrio de Coyoacán, en la parada del mismo nombre. En apenas 15 minutos siguiendo la Avenida México y torciendo por la calle Londres, llegamos sin ninguna dificultad a la casa azul donde la pintora Frida Kahlo nació, vivió, pintó y murió.

La casa museo de Frida Kahlo es un visita imprescindible para todo aquel que desee acercarse a la personalidad de esta mujer única, marcada por la desgracia, que contrajo la poliomielitis de niña y después sufrió un grave accidente que la postró en una silla de ruedas de por vida.

El museo suele estar muy concurrido por lo que nosotros compramos las entradas por internet, cosa que nos ahorró un buen rato de cola. La entrada cuesta 200-220MXN (para los extranjeros), unos 9-10 € lo cual en comparación con otros museos mexicanos es bastante caro.

Al entrar dimos un paseo por el agradable jardincito de la casa. Pero la exposición propiamente dicha se encontraba nada más pasar los tornos a mano izquierda. En primer lugar accedimos a tres o cuatro pequeñas salas con magníficas pinturas de Kahlo y diversas fotografías de su familia y su entorno. Merecía la pena detenerse ante los paneles explicativos para comprender mejor a aquella mujer tan compleja, símbolo de superación ante la adversidad, de feminismo, de fuertes convicciones izquierdistas… Luego fuimos pasando en fila india por las distintas estancias de su casa: la cocina, el taller donde pintaba, la cama donde pasaba echada pintando tantas horas, su alcoba…

Realmente la visita al Museo de Frida Kahlo nos produjo sentimientos encontrados, por un lado, la casa está cuidada hasta el más mínimo detalle y resulta emocionante poder admirar los objetos reales de la vida cotidiana de la pintora. Pero por otro lado, el hecho de que se haya convertido en una celebridad, hace que la afluencia de visitantes sea masiva, gente que no sabes si admira su faceta artística, personal o simplemente ha acudido allí al olor de su popularidad. El acceso a la casa está regulada pero aun así en ciertas habitaciones sentimos cierto agobio.

La tienda del museo no me pareció demasiado interesante, sus precios eran desorbitados. Sin embargo la exposición temporal de vestidos y trajes de Frida Kahlo, que mucha gente no visitaba era tremendamente interesante.

Casa de Hernán Cortés en el barrio de Coyoacán

Casa de Hernán Cortés en el barrio de Coyoacán

Eran las 5 de la tarde y todavía no habíamos comido, sin embargo eso no era problema en un país como México en el que uno encuentra sitios abiertos que te sirven a cualquier hora del día. Nos acercamos al mercado de Coyoacán y nos sentamos a degustar pescado en uno de los restaurantes que había afuera.
Después con la tripa llena nos dirigimos al centro del barrio de Coyoacán, poblado de casitas de colores de apenas uno o dos pisos. Coyoacán tiene el aspecto de un pueblito encantador engullido por la gran Ciudad de México.

La plaza jardín Hidalgo bullía de vida. El lado norte lo ocupaba por completo la fachada ocre de la conocida como Casa de Hernán Cortés, un elegante y bonito edificio dónde se supone que vivió el conquistador español. Delante de él se situaba una plaza ajardinada con un quiosco en su centro y al otro lado la Parroquia San Juan Bautista, bonita a pesar de su mezcla de estilos y de elementos de distintas épocas.

Si deseas visitar este país, no te pierdas los mejores consejos para viajar a México.

Enlaces de interés:
Palacio Nacional

Leyenda del águila devorando una serpiente
Antiguo Colegio San Ildefonso
Museo Frida Kahlo

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