Uno de los pueblos más bonitos de Cantabria
Colegiata de Santa Julliana

Colegiata de Santa Julliana

Santillana del Mar posee un atractivo centro histórico lleno de casonas nobiliarias y calles empedradas que conserva casi intacto el trazado urbanístico de los siglos XVI y XVII.

La Colegiata de Santa Juliana, no solo, es el monumento más destacado de la villa, sino uno de las más exquisitas muestras del arte románico en Cantabria. Además, no hay que irse sin recorrer sus dos calles principales (Juan Infante y Cantón) con sus pétreos palacetes, cada uno con el blasón familiar en lo alto de su fachada.

Plaza Mayor de Santillana desde la Torre Don Borja

Plaza Mayor de Santillana desde la Torre Don Borja

Su impecable casco antiguo no ha pasado desapercibido al turismo masivo que lo inunda en los meses de verano y Semana Santa. Por ello es aconsejable visitar Santillana fuera de temporada, cuando muestra su cara más distinguida.

Más allá de las frases tópicas que se atribuyen a la villa, fue el monasterio de Santa Juliana, origen de la localidad, el que también le dio su nombre (Sancta Illana) y que mudó más tarde a Santillana. Y aunque el pueblo no se asoma al mar, éste se encuentra muy cerca, de hecho, su término municipal cuenta con unos cuatro kilómetros de costa.

Santillana del Mar está declarada como Conjunto Histórico Artístico y forma parte de la asociación de Pueblos más bonitos de España, al igual que otras localidades cántabras próximas como Carmona o Liérganes.

Resulta muy recomendable realizar una visita guiada en Santillana del Mar, ya que así se conocerán un montón de curiosidades e historias poco conocidas. Civitatis ofrece varias opciones, entre ellas es mejor elegir la que incluye la entrada a la colegiata.

Interior de la Colegiata de Santa Juliana

Interior de la Colegiata de Santa Juliana

Breve historia

Origen de la villa

Santa Juliana de Nicomedia fue una santa cristiana martirizada a principios del siglo IV, en Asia Menor. Sus restos fueron llevados al sur de la actual Italia y según parece reposan en el Santuario de Montevergine, cerca de Nápoles. Sin embargo, otras versiones aseguran que las reliquias de la santa fueron traídas al reino de Asturias en tiempos de Alfonso III.

Para proteger y venerar los restos de la santa, hacia el siglo IX se construyó una ermita y más tarde un monasterio benedictino. Tiempo más tarde, éste se convirtió en la Colegiata de Santa Juliana y fue en torno a ella que surgió la villa de Santillana.

Los reyes de Castilla le otorgaron numerosos privilegios y donaciones, que culminaron cuando en 1209 el rey Alfonso VIII le concedió a Santillana el fuero y el título de villa. De este modo la abadía se convirtió en la más próspera de la región ya que permitió a los abades recaudar impuestos e impartir justicia. Además, era una parada obligada para los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela por el Camino del Norte.

Calle Cantón y antiguo Palacio de Valdivieso

Calle Cantón y antiguo Palacio de Valdivieso

Época de esplendor

La abadía comenzó un lento declive mientras que la nobleza local acrecentó su poder durante los siglos XIV y XV y la villa conoció, quizá, su momento de mayor prosperidad.

En 1445 la villa se convirtió en marquesado cuando el rey concedió ese título a Íñigo López de Mendoza y de la Vega, el conocido poeta y militar. Pero no fue hasta 1509 que el abad reconoció al III Marqués de Santillana como señor de la villa.

Tras los llamados Pleitos de los Nueve Valles (1544-1581) los nobles perdieron, sin embargo, gran parte del poder en la región, en favor de la Corona y los pueblos pudieron regirse, a partir de entonces, por un alcalde.

Torre Don Borja en la PLaza Mayor o Plaza Ramón Pelayo

Torre Don Borja en la plaza Mayor o plaza Ramón Pelayo

La mayoría de las casas que se conservan se construyeron en los siglos XVI y XVII, un entramado urbanístico que ha mudado poco desde entonces.
Por tanto, puede considerarse a Santillana una villa esencialmente barroca ya que, salvo la colegiata y algunas torres, el grueso de sus edificaciones es de época barroca.

Siglos XIX y XX

A mediados del siglo XIX Santillana comenzó a atraer a un selecto grupo de visitantes entre los que había aristócratas, políticos e intelectuales de la época. Más aún cuando muy cerca, en 1868 se descubrieron las pinturas rupestres en las cercanas cuevas de Altamira.

La plaza mayor de la villa está dedicada a Ramón Pelayo, un indiano de origen cántabro que volvió enriquecido de Cuba en 1920. Éste realizó numerosas obras filantrópicas en Cantabria entre las que destaca la construcción de escuelas y otros edificios civiles.

Hoy Santillana del Mar es uno de los municipios más turisticos de Cantabria y más de la mitad de su población depende directamente del turismo.

Ábside de la Colegiata de Santa Juliana

Ábside de la Colegiata de Santa Juliana

Qué ver en Santillana del Mar

Colegiata de Santa Juliana

La espléndida colegiata se comenzó a construir en el siglo XII, sobre la base del antiguo monasterio, terminándose a principios de la siguiente centuria.

La atractiva portada meridional, la principal, se ve ya desde la distancia, bajando la calle Cantón. Fue rehecha en el siglo XVIII, aunque conserva un friso románico algo desgastado, con el Pantocrator (Dios bendiciendo), cuatro ángeles y los apóstoles. Sobre ellos un friso barroco con la imagen de Santa Juliana.

El bonito ábside, que va a dar a la plaza de las Arenas, es probablemente la parte más genuinamente románica del exterior de la colegiata. Con sus estrechísimos ventanales y en lo alto una larga fila de canecillos, muchos de ellos representando animales.

Claustro románico de la Colegiata de Santa Juliana

Claustro románico de la Colegiata de Santa Juliana

El interior muestra una elegante iglesia de planta basilical, con una acusada diferencia de altura entre la nave central y las más bajas naves laterales. En el crucero encontramos la lauda sepulcral de Santa Juliana y en torno a ella coronando las columnas más de sesenta capiteles finamente tallados.

Pero es el claustro románico la gran joya de la colegiata santajulianense. Se trata de un claustro con tres lados románicos y otro lateral gótico, de menor interés, que se levantó tras derrumbarse el original. El claustro posee columnas dobles e incluso cuádruples que muestran una variedad iconográfica extraordinaria. Podemos contemplar temas bíblicos, profanos, decoración vegetal, entrelazados geométricos, animales fantásticos.

Un lugar casi mágico para los amantes del arte románico que pueden completar con la visita a otras joyas del románico cántabro no muy lejanas, como son la Colegiata de Cervatos y la de Castañeda.

Torre Don Merino (Plaza Mayor de Santillana del Mar)

Torre Don Merino (Plaza Mayor de Santillana del Mar)

Plaza Mayor

El otro gran punto de interés del pueblo es su plaza Mayor, también llamada de Ramón Pelayo. Aquí se instalaba el mercado semanal y era el centro del poder civil, en contraposición al poder de la iglesia establecido en el entorno de la colegiata.

Se trata seguramente de una de las plazas con más encanto de España, por más que su planta muy irregular revela que no hubo ninguna planificación urbanística y los edificios se asomaron al mercado a su conveniencia. En todo caso, quien llegue hasta aquí podrá dar la vuelta sobre sí mismo y admirar toda una serie de casonas y torres de gran atractivo histórico.

El Ayuntamiento de la localidad es un imponente edificio de principios del siglo XVIII con larga balconada y cuatro arcadas.
La Casa del Águila y la de la Parra son dos edificaciones contiguas de los siglos XVII y XVI respectivamente. Han sido restauradas y se han habilitado como Centro Cultural y de exposiciones. Justo enfrente se halla la Casa de los Barreda-Bracho, hoy convertido en Parador Nacional.

Interior de la Torre Don Borja (Fundación Santillana)

Interior de la Torre Don Borja (Fundación Santillana)

Unas pocas casas más allá nos encontramos la construcción más claramente militar de la villa: la Torre Don Merino o La Torrona. Un robusto torreón que data del siglo XIV, con arcos apuntados en sus ventanas que delatan su origen gótico. Su nombre se debe a que estuvo destinada a ser la vivienda del Merino Mayor, el representante del rey.

En otro lateral de la plaza despunta la Torre Don Borja, otra imponente construcción defensiva del siglo XV que puede visitarse mediante reserva previa.

Su propietario es la Fundación Santillana, el conocido grupo editorial especializado entre otras muchas cosas en libros de texto. La visita resultará especialmente atractiva para aquellos interesados en los medios de comunicación en España e Iberoamérica ya que la editorial formaba parte del Grupo Prisa (Cadena Ser, diario El País y docenas de radios y periódicos en México, Colombia…). El interior ha sido restaurado con esmero y conserva algunos elementos originales y diversas exposiciones.

A destacar la impresionante biblioteca con cientos de libros publicados en España e Iberoamérica y el despacho principal con unas hermosas vistas de la plaza Mayor.

Casa de los Hombrones (Santillana del Mar)

Casa de los Hombrones (Santillana del Mar)

Qué más ver en Santillana

El pequeño centro histórico santillano se vertebra a partir de dos arterías principales en forma de Y griega. La primera Juan Infante va a morir a la plaza Mayor y la segunda, la calle Carrera, después llamada Cantón y finalmente la calle Río que desembocan (nunca mejor dicho) en la plaza Abad Francisco Navarro frente a la colegiata.

Cerca de la confluencia de Juan Infante con Carrera encontramos el Palacio de Peredo con su fachada neoclásica y la Casa de los Villa, reconocible por sus dos ventanas redondas y sus balconcillos semicirculares en torno a la puerta.

Tomando la calle Carrera se suceden varias casonas de gran interés. Destacan la Casa-Torre de los Velarde del siglo XV con una puerta con arco apuntado gótico. Lamentablemente en aparente estado de abandono y que requeriría una pronta intervención.

Casi enfrente el Palacio de Valdivieso, por su parte, ha sido reconvertido en el Hotel Altamira. Un poco más allá, la llamativa Casa de los Hombrones, llamada así por los enormes dos soldados que aparecen en el escudo de armas de los Villa.

Antiguo lavadero-abrevadero con la colegiata al fondo

Antiguo lavadero-abrevadero con la colegiata al fondo

Justo antes de llegar a la plaza del Abad Francisco Navarro (la de la colegiata) se conserva en mitad de la calle un antiguo lavadero-abrevadero que se cree que data del XVI.

Junto a la colegiata encontramos la Casa de los Abades, también conocida como Casa de la Archiduquesa de Austria. Y frente a ella un muro protege la biblioteca y un pequeño jardín plagado de las obras del escultor local Jesús Otero.

Rodeando la Colegiata de Santa Juliana llegamos a otra plaza con mucho encanto. La plaza de la Arenas en la que aparte de la bonita cabecera románica de la iglesia se encuentra el imponente Palacio de Velarde, así como algunas otras casas tradicionales montañesas, con sus balconadas de madera.

Dónde dormir

Existen numerosos alojamientos en Santillana del Mar, aunque no se tratan de enormes hoteles modernos con docenas de habitaciones, por lo que si se desea viajar en temporada alta conviene reservar con cierta antelación.

Si se desea escapar del gentío, una opción excelente es el Hotel Casona del Revolgo situado a cinco minutos a pie de la plaza Mayor, pero en una calle muy tranquila. El establecimiento está situado en una bonita casa del siglo XVII que ha sido restaurada.

Plaza de las Arenas, con el Palacio de Velarde a la derecha

Plaza de las Arenas, con el Palacio de Velarde a la derecha

Si, por el contrario, se prefiere estar en mitad del centro histórico de la villa, nada mejor que el Hotel Altamira ubicado en el rehabilitado Palacio de Valdivieso. Éste cuenta con habitaciones ambientadas con gusto que trasladan al huésped varios siglos atrás.

Si se viaja en grupo quizá sea más práctico y económico alquilar un apartamento. Por ejemplo, el Legado de Santillana que cuenta con amplios estudios para hasta seis personas.

Artículo escrito por David

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