
La villa de Comillas supone una parada imprescindible en un viaje por el occidente de Cantabria, que bien podría complementarse con la visita a Santillana del Mar y el menos frecuentado valle de Cabuérniga.
Comillas se sitúa en un enclave de especial belleza de la costa cántabra, con acantilados a un lado y una bahía más tranquila y su playa al otro.
La antaño modesta villa marinera tuvo a finales del siglo XIX su momento de mayor esplendor gracias a Antonio López, un indiano que volvió enriquecido de Cuba. A él se deben, en mayor o menor medida, varios de los principales monumentos de la localidad, entre los que se cuentan El Capricho, el Palacio de Sobrellano o la antigua Universidad Pontificia.

Antonio López, se estableció en Barcelona y su estrecha relación con la alta sociedad catalana permitió que llegaran a la villa arquitectos y artistas de la talla de Antoni Gaudí, Lluis Domenech i Montaner o los hermanos Llimona.
A todo esto, Comillas añade un casco histórico con mucho encanto en el que destacan varias plazuelas flanqueadas de casonas y edificios notables como la iglesia de San Cristóbal.
No es de extrañar que Comillas se haya convertido en uno de los pueblos más turísticos de Cantabria, por lo que es aconsejable visitarlo evitando los meses de julio y agosto.
El Capricho de Gaudí organiza no sólo atractivas visitas guiadas sino también conciertos y otras actividades muy recomendables.
La villa de Comillas forma parte de la Asociación de Pueblos más bonitos de España y también de la red de Municipios de Indianos del Norte.

Breve historia de Comillas
En las cuevas cercanas a Comillas se han encontrado restos de actividad humana de época prehistórica. Y posteriormente durante la dominación romana parece ser que hubo alguna explotación minera.
Edad Media
En todo caso, el origen de la actual localidad de Comillas nace en época medieval en el entorno de la iglesia de San Cristóbal.
El rey Fernando III conquistó Sevilla en 1248, tras un largo asedio por tierra y el río Guadalquivir. En la toma de esta ciudad musulmana fue fundamental la flota llegada desde varios pueblos de Cantabria, entre ellos Comillas. Por ello, esta batalla se rememora también en los escudos de Cantabria, Santander o Laredo. Y la torre que puede verse en ellos, por curioso, que parezca es la Torre del Oro sevillana.
A mediados del siglo XV Comillas se integró dentro de un vasto feudo perteneciente al Marquesado de Santillana.

Siglos XVIII-XIX
La pesca de la ballena fue una de las actividades más lucrativas que se desarrollaron en la villa hasta que se puso fin en 1720 debido a la escasez de cetáceos. El pequeño puerto se construyó en esa misma época, y la flota tuvo que orientarse a la pesca de otras especies como el atún y la caballa.
A Comillas también se la conoce como la “Villa de los arzobispos”, ya que varios altos cargos eclesiásticos nacieron aquí, entre ellos Juan Domingo González de la Reguera nombrado arzobispo de Lima en 1780.
Antonio López (1817-1883) fue un personaje controvertido. Natural de Comillas, con 14 años emigró a Cuba y volvió a España en 1855 tras enriquecerse con toda clase de negocios (cafetales, plantaciones de caña, venta de esclavos…).

Casado con Luisa Bru, hija de un acaudalado empresario catalán, se instaló en Barcelona. Antonio López fundó docenas de empresas (navieras, tabacaleras y bancos) con las que impulsó proyectos de gran envergadura como el ensanche de Barcelona y apoyó a la corona a sofocar las revueltas en las colonias.
Por todo ello, en 1878 el rey Alfonso XII le concedió el título de Marqués de Comillas y éste construyó en su localidad natal su residencia, el Palacio de Sobrellano, y casi frente a ella la Universidad Pontificia.
Comillas se convirtió en una elegante villa balneario y en 1881 fue la primera localidad española con luz eléctrica. Esta se instaló para recibir la visita del rey Alfonso XII que veraneó ese año allí.
Qué ver en Comillas

El Capricho de Gaudí
El edificio más emblemático y visitado de la localidad es indudablemente la Villa Quijano, más conocida como El Capricho de Gaudí.
En este singular edificio modernista el joven arquitecto catalán dio rienda suelta a su desbordante creatividad. Además, es uno de los escasos edificios que Gaudí construyó fuera de Cataluña, junto con la Casa Botines en León y el Palacio Episcopal de Astorga.
Esta casa fue un encargo de Máximo Díaz de Quijano, abogado y familia política del marqués. Este parentesco explica que la Villa Quijano se construyera a escasos metros del Palacio de Sobrellano, la residencia del marqués.
Gaudí concibió una vivienda llena de exotismo e inspiración oriental con una torre similar a un minarete y unas columnas en la entrada que parecen palmeras. Díaz de Quijano era amante de la música y la botánica, por ello Gaudí pobló la casa de símbolos y referencias a las aficiones de su dueño.

La fachada está cubierta de flores de girasol y los balcones de hierro forjado se ornamentan con sinuosas figuras musicales. Pero también en el interior vemos vidrieras con motivos vegetales, azulejos con flores, aves y mariposas, sillas con respaldos de racimos de uvas. Incluso se instaló un sistema de contrapesos en las ventanas que emitía sonidos similares a campanas cuando se abrían y cerraban.
Las flores del girasol que cubren la fachada no son meramente decorativas, sino que sirven de metáfora ya que todas las habitaciones están dispuestas y se organizan con respecto a la luz del sol.
Lamentablemente Díaz de Quijano no puedo disfrutar de la casa, ya que llegó enfermo de Cuba y murió una semana después.
No hay que olvidar subir a las estrechas terrazas desde donde se admira mejor la torre. Además, en el desván pueden verse varios muebles de formas sinuosas diseñados por Antoni Gaudí e inspirados en la naturaleza.

Ruta modernista
Para todos los amantes del arte, conocer el Capricho justifica por sí sola la visita a esta bonita villa marinera. Pero además de la conocida obra de Gaudí, hay otra decena de edificios y monumentos modernistas en la localidad, todos realizados por grandes arquitectos y artistas catalanes. Por ello, muchos consideran Comillas una sede del Modernisme català fuera de Cataluña.
Palacio de Sobrellano y Capilla Panteón
El marqués de Comillas se hizo construir un suntuoso palacio sobre una colina del barrio de Sobrellano, que domina la villa que le vio nacer en una familia hidalga venida a menos.
Las obras a cargo del arquitecto Joan Martorell comenzaron en 1882, sin embargo, el marqués murió meses después sin ver finalizado la que iba a ser su residencia de verano.
El palacio tiene una planta casi cuadrada y su estilo predominante es el neogótico, aunque posee algunos elementos modernistas. En él sobresale su imponente fachada con una escalinata de mármol, balconadas laterales y abundante decoración. La estancia principal es el Salón del trono o Gran Salón con ocho grandes paneles pintados por Eduard Llorens en los que se narra los momentos clave de la vida de la familia.
A su lado la Capilla Panteón obra del mismo arquitecto parece una pequeña catedral gótica y forma un conjunto muy compacto junto al palacio de Sobrellano.
La Capilla Panteón se finalizó en 1881, todavía en vida del marqués y contiene en su interior monumentos funerarios modernistas de gran interés. Especialmente las alegorías de la Plegaría y la Resignación obra del gran escultor de entre siglos Josep Llimona.
Seis bancos del interior de la capilla fueron diseñados por Antoni Gaudí, siendo el primer encargo del arquitecto catalán en Comillas.
Ambos edificios pueden visitarse únicamente mediante visita guiada.

Universidad Pontificia
Sobre la colina de la Cardosa y con vistas al mar se levantó el Seminario de San Antonio de Padua, que más tarde dio lugar a la Universidad Pontificia. Este fue otro de los grandes proyectos del marqués, en este caso, para congraciarse con las autoridades religiosas. Sin embargo, su construcción no comenzó hasta mayo de 1883 unos meses después de su muerte y fue su hijo Claudio, segundo marqués de Comillas, quien la llevó a cabo.
El arquitecto elegido fue Joan Martorell, el mismo del Palacio de Sobrellano, que construyó aquí un inmenso complejo religioso en estilo ecléctico con elementos del arte mudéjar y el gótico.
Posteriormente fue Lluis Domenech i Montaner y Eduard Llorens quienes decoraron varias de las estancias más importantes (paraninfo, iglesia pública, vestíbulo…) con elementos de estilo modernista.
Las coloridas pinturas de la iglesia pueden recordar, quizá a las pinturas art nouveau de la iglesia Matías de Budapest de la misma época.
Mención aparte merece la Portalada, una gran puerta de acceso a los jardines de la Universidad Pontificia situada muchos metros más abajo y atribuida también a Domenech i Montaner.
En ella se combina el ladrillo, la cerámica vidriada y la piedra tallada en una portada monumental que al igual que la universidad tiene influencias del gótico y el mudéjar.
En la actualidad la Universidad Pontificia de Comillas tiene su sede en Madrid, mientras que el Seminario Mayor de Comillas pertenece al Gobierno de Cantabria.
En el interior puede visitarse previa reserva de la visita guiada.

Fuente de los Tres Caños
Esta preciosa fuente monumental se encuentra en mitad de una de las plazas más animadas y concurridas del centro de la villa, rodeada de tiendas y con el Ayuntamiento Nuevo en un costado.
Es probablemente la obra más destacada que el gran Lluis Domenech i Montaner realizó en Comillas.
Se trata de un conjunto escultórico erigido en honor a Joaquín del Piélago, yerno del marqués y el empresario que trajo la canalización de aguas a la villa.
La fuente se alza sobre una base de ocho lados y consta de tres partes bien diferenciadas. En la parte baja se encuentran los tres caños que dan nombre a la fuente.
Mientras que la parte central es la más profusamente decorada con numerosas flores, hojas de roble, el escudo de la localidad y tres bonitas figuras femeninas.
La parte alta toma la forma de una columna coronada por una cruz y una bola similar a una farola. Bajo un animal fantástico enroscado en la columna puede leerse en letras góticas: “A Joaquín Piélago”.
Al otro lado de la calle se alza la Casa Ocejo, el mejor exponente de arquitectura indiana de la localidad. Construida por el marqués para disfrute de su familia en los meses de verano. En el jardín de la casa, Gaudí/ levantó un espectacular quiosco chinesco, lamentablemente ya desaparecido.
En 1881 el propio rey Alfonso XII pasó el verano en la Casa Ocejo, e incluso se celebró en ella un Consejo de ministros.
Cementerio de Comillas
Situado sobre una loma, a dos pasos del mar, el pequeño cementerio comillano resulta apacible y hermoso, en absoluto es un lugar lúgubre.
Los muros ruinosos de la iglesia parroquial gótica del siglo XVI sirven ahora de aposento para centenares de nichos. A su alrededor lápidas y algunos panteones de las familias más pudientes de la localidad.

Entre los sepulcros destaca el precioso sepulcro de la familia Piélago con un ángel surgiendo de las olas esculpido por Josep Llimona. También es de Llimona el “Ángel exterminador” situado sobre la iglesia que parece vigilar el camposanto situado a sus pies.
El proyecto de reforma del cementerio lo llevó a cabo Domenech i Montaner, destacando el arco de entrada y la preciosa verja de hierro fundido.
Quien quiera completar la ruta modernista con algunos monumentos más, puede hacerse con el interesante folleto con mapa que ofrece la oficina de turismo local.
Qué más ver
Comillas, pese a ser una localidad turística ha sabido mantener su esencia de villa marinera y un casco histórico con encanto. El litoral está practicamente libre de grandes construcciones y solamente algunas urbanizaciones en las afueras. No se ven, afortunadamente, en Comillas ni rascacielos ni enormes edificios de apartamentos.

Plazas con encanto
La plaza más bonita del pueblo es probablemente la Plaza de la Constitución, de forma rectangular y con un pronunciado desnivel.
Rodeado de casonas tradicionales por dos lados, mientras que en su parte más baja se asientan el Ayuntamiento antiguo y la iglesia de San Cristóbal, dos de los edificios más ilustres de la villa.
El elegante consistorio se levantó a finales del siglo XVIII sobre el solar de una ermita y un hospital de peregrinos. Lo más destacado son sus amplios soportales que permite cobijarse de las inclemencias. En lo alto de la fachada lucen los escudos de seis comillanos que alcanzaron un puesto alto en la jerarquía eclesiástica, no en vano Comillas es conocida como la “Villa de los Arzobispos”.
Un enconado conflicto a principios del siglo XVII entre el Duque del Infantado y el pueblo hizo que éste abandonara la antigua iglesia, hoy en ruinas en el cementerio, y construyeran otro templo.

Las obras comenzaron pocos años después siendo las propias gentes de Comillas quienes construyeron la iglesia de San Cristobal, un arduo trabajo que les llevó casi un siglo.
La iglesia se inscribe dentro del barroco montañés, sin embargo, lo más llamativo de su interior son sus bonitas bóvedas con terceletes, típicas del gótico tardío.
La alta torre de la iglesia se asienta, sin embargo, en la plazuela contigua: Corro de Campíos. Este ha sido un tradicional lugar de festejos y reunión, dónde antaño se jugaba a los bolos, un juego tradicional muy arraigado en Cantabria que se jugaba en las boleras o corros.
En el barrio de Campíos pueden encontrarse también algunas interesantes muestras de arquitectura popular.
Otro lugar donde se jugaba a los bolos era en el Corro San Pedro que conserva algunas de las casonas nobles más distinguidas de la localidad.

Playa de Comillas
En el interior de una bahí, al resguardo del fuerte oleaje del cantábrico, la playa de Comillas tiene casi medio kilómetro de largo de arena fina. Lo cierto es que, al no ser de las playas más conocidas de Cantabria suele escapar de las grandes masificaciones del verano.
En paralelo a ella se extiende un largo paseo marítimo con numerosos restaurantes especializados en pescado. Mientras, que en un extremo de la playa se encuentra el pequeño puerto pesquero de Comillas cobijado junto a la Punta de la Guerra. En todo caso, la mejor panorámica de la playa y el litoral comillano se tiene desde el mirador de Santa Lucía, junto a la ermita del mismo nombre.
Dónde dormir
Si se van a pasar unos pocos días en Comillas quizá se prefiera la comodidad de un hotel como La Solana Montañesa, situado a cinco minutos a pie del casco viejo y con aparcamiento privado. Es uno de los mejores hoteles de la zona.
Quizá se prefiera reservar un apartamento, en ese caso, una magnífica opción es el Apartamentos El Muelle Comillas, situado justo entre la playa y el puerto y que ofrece las mejores vistas de la localidad. Un auténtico lujo a un precio muy asequible.
Artículo escrito por David

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