
La localidad de Laredo, a mitad camino entre Santander y Bilbao, es uno de los pueblos más atractivos de la costa cántabra.
Posee un pequeño casco antiguo con mucho encanto, conocido aquí como Puebla Vieja, y a su lado la playa de La Salvé, la más larga de Cantabria, que atrae todos los años a miles de turistas.
Ciertamente más allá del centro histórico, Laredo no ha podido escapar a la presión urbanística que levantó varias líneas de bloques de apartamentos frente a la extensa playa de Laredo.

En todo caso, la Puebla Vieja ha permanecido ajena a las grandes construcciones, por lo que mantiene, casi intacto, su atractivo trazado medieval. Entre su patrimonio histórico sobresale especialmente la imponente iglesia gótica de Santa María, algunos tramos de muralla y antiguas casonas y torres nobles que certifican el esplendor que tuvo la villa allá por los siglos XV y XVI.
Otro de los atractivos del pueblo es el promontorio donde se levantó el fuerte del Rastrillar para proteger la villa de ataques enemigos. Hoy apenas quedan recuerdos del fuerte, pero las vistas sobre las dos bahías bien merecen subir a hasta este lugar azotado por los vientos.
Tampoco es mala idea hacer un paseo en barco o hacer una excursión a la cercana Santoña.
Breve historia
Edad Media
La primera cita encontrada de Laredo data del año 968 en “Antigüedades de España” una obra del historiador Francisco de Berganza, un abad benedictino.
En aquellos tiempos era una pequeña aldea que vivía esencialmente de la pesca y hacia el siglo XI se creó la cofradía de pescadores de Laredo, considerada la más antigua de España.

En 1200 se le concedió a Laredo el fuero, que le proporcionó ciertos privilegios y reconocía sus límites jurisdiccionales.
El rey Fernando III conquistó Sevilla en 1248 y en la contienda tuvo un papel destacado la flota proveniente de Laredo y otras villas cántabras. Este acontecimiento se verá reflejado en el escudo de la villa y en el de otras como Santander, Santoña o Comillas. En el blasón de todas ellas aparece la Torre del Oro y las cadenas rotas por las naves cántabras que impedían el paso por el Guadalquivir.
Poco tiempo después Alfonso X “el sabio” no sólo incluyó este hecho en sus cantigas, sino que premió a Laredo con la exención del pago de portazgo. La villa prosperó, haciendo aumentar su población y propiciando en 1254 la construcción de sus murallas.
En 1296 se fundó la Hermandad de las Marismas creada por varias villas de las costas cántabra y vasca (Santander, Laredo, Bermeo o San Sebastián entre otras) con el fin de defender sus intereses y mantener sus privilegios. De hecho, tenía cierto paralelismo con la Liga Hanseática que en aquellos tiempos comenzaba a gestarse en ciudades del norte de Europa como Lübeck, Hamburgo o Brujas.

Siglos XV-XVII
Isabel I de Castilla creó en 1494 el Consulado de Burgos que en la práctica certificó el fin de la Hermandad de las Marismas. Esto, lejos de perjudicar a Laredo lo convirtió en el principal puerto de Castilla dando paso a un periodo de gran crecimiento económico. Desde Laredo partían naves con lana castellana y se importaban telas y paños procedentes de Flandes.
La propia Isabel la Católica fue al puerto de Laredo a despedir a su hija Juana cuando ésta partió hacia Flandes a casarse con Felipe el Hermoso en la ciudad de Lier.
El hijo de Juana y Felipe, el emperador Carlos V arribó a Laredo y permaneció en la villa una semana en 1556 antes de emprender su último viaje hacia su retiro en el Monasterio de Yuste. En la actualidad es el comienzo de la conocida como Ruta de Carlos V que engloba a 24 localidades en las que estuvo.
El Corregimiento de las Cuatro Villas (Castro-Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera) fue una entidad administrativa que perduró durante siglos. La capitalidad estuvo la mayor parte del tiempo en Laredo y dio lugar a finales del siglo XVIII a la provincia de Cantabria.

Boom del turismo
La pesca y la industria conservera eran las actividades principales en la localidad hasta que en los años 60 el turismo irrumpió con fuerza.
Laredo creció enormemente, se crearon avenidas y se construyeron docenas de bloques en paralelo a la Playa de La Salvé.
En 2011 se inauguró el nuevo puerto deportivo con más de 850 amarres, uno de los mayores del Cantábrico. En la actualidad Laredo cuenta con unos 11.000 habitantes y una de las tasas de segunda residencia más altas de todo el norte español.

Qué ver en Laredo
La Puebla Vieja declarada Monumento histórico artístico en 1970 es un pequeño caserío apiñado en la ladera de una colina. Está formada por un núcleo original medieval de seis calles que más tarde se amplió con el arrabal.
La Plaza de la Constitución, a caballo entre la zona nueva y la vieja suele ser un buen punto de partida para explorar este bonito casco histórico.
La Puebla Vieja conserva numerosos edificios de interés, entre ellos sobresale, sin duda la Iglesia de Santa María.
Iglesia de Santa María
La iglesia de Santa María de la Asunción es uno de los templos góticos más espléndidos del norte de España construida a principios del siglo XIII, gracias a la prosperidad que proporcionó los fueros a la villa.
Se alza en la parte alta del pueblo y su portalada principal la encontramos al final de una larga cuesta y una escalinata, lo que le confiere una gran magnificencia.

La portada muestra jambas decoradas con puntas de diamante y tres arquivoltas en torno a un arco apuntado. Las arquivoltas están cubiertas por imágenes de apóstoles, ángeles y doncellas portando recipientes. Y aunque muy deterioradas también puede identificarse a San Jorge con espada y cota de malla y al apóstol Santiago con atuendo de peregrino.
Su interior es especialmente singular ya que sucesivas ampliaciones la dotaron de cuatro naves de distintas alturas y una quinta nave con varias capillas.
No hay que perderse los curiosos capiteles historiados de clara influencia románica, algunos todavía con su pigmentación original.
Destaca la capilla renacentista de los Escalante, una de las familias más poderosas de Laredo allá por el siglo XVI. Y sobre todo el conocido como retablo de Belén, un grupo escultórico flamenco integrado en un retablo barroco posterior.

Las seis rúas
El trazado medieval de Laredo se organizó en una especie de cuadricula formada por seis calles o rúas, en la ladera de la colina, a los pies de la iglesia de Santa María. Estas eran de sur a norte: la Rúa Mayor, San Marcial y Santa María y perpendiculares a las anteriores San Martín, Rúa de Enmedio y Ruayusera.
En torno a estas calles se levantó una muralla a mediados del siglo XIII de la que todavía quedan algunos tramos, especialmente el que hay entre la Rúa Mayor y la iglesia. Este cinturón de murallas conserva dos de sus puertas: la Puerta de la Virgen Blanca y la angosta y gótica Puerta del Merenillo que situada bajo la torre de la iglesia compone uno de los rincones con más encanto de la villa.
Hay varias casonas nobiliarias en estas callejas, la mayoría datan del siglo XV y no son visitables en su interior, pero dan fe de la importancia de Laredo en aquellos tiempos.
Más abajo del Arco del Merenillo encontramos otro arco de la muralla interior y la casa torre del Condestable de Castilla donde pernoctaron Isabel la Católica, su hija Juana de Castilla y tiempo después el emperador Carlos V (nieto e hijo respectivamente).

Adosada a la muralla, junto al Puerta de la Virgen Blanca (o de San Martín) se alza la Casa-torre de Revellón perteneciente a la influyente familia de los Villota del Hoyo que muestra tres escudos en su fachada principal.
En la calle del Merenillo encontramos otra Torre del Condestable de Castilla o del Merino, ya que en ella se alojaron los representantes del rey en Laredo. Lamentablemente esta torre, originalmente del siglo XV, se encuentra abandonada y en estado ruinoso y debería ser uno de los inmuebles que las instituciones rehabilitaran urgentemente.
El Arrabal
El aumento demográfico y el desarrollo económico en los siglos XIII y XIV obligó a ampliar la villa hacia el sur y levantar otro cinturón de murallas de la que se conserva la atractiva Puerta de San Lorenzo o de Bilbao.

El edificio más destacable es sin duda el Antiguo Ayuntamiento que preside la actual plaza de la Constitución y que está considerado una de las mejores muestras del renacimiento civil en Cantabria. Hoy muy reformado, sirve como sala de exposiciones municipal y con suerte será posible asomarse a la balconada principal sobre los soportales.
Junto al antiguo consistorio hay un busto del Emperador Carlos V mirando a la Plaza Cachupín. La plaza se bautizó con este curioso nombre en 1873 en honor al abogado laredano José María Barreda que peleó durante años por los intereses de la villa. Barreda no quiso que la plaza llevara su nombre, pero si el de su ilustre familia: los Cachupines.
Subiendo una pequeña cuesta llegamos al imponente Palacio de Zarauz, una enorme casona blasonada construida a mediados del siglo XVIII. Destaca por su balconada de forja y su soportal de cuatros arcos.
Doblando la esquina nos adentramos en la calle más interesante del arrabal, la de San Francisco (antigua calle de Cordoneros). En ella podemos contemplar con tristeza las ruinas de lo que fue en su día uno de los edificios más ilustres y antiguos de la villa: la Casa de la familia Pelegrín.

Un poco más allá encontramos el enorme Convento de San Francisco construido en época de Felipe II y quizá por ello algunos autores lo identifican como de estilo herreriano. En todo caso, es un edificio sobrio de altos muros donde vive una congregación de monjas trinitarias de clausura. Dependiendo del día puede visitarse no sólo la iglesia sino también el claustro y un pequeño museo.
Al final de la calle encontramos la capilla del Espíritu Santo, aunque construida ya en el siglo XV conserva una cabecera y unos canecillos de evidente factura románica. Y casi frente a ella una empinada cuesta lleva hasta la imponente Puerta de San Lorenzo (s. XIII) llamada también de Bilbao por ir en esa dirección el camino que la traviesa.
Antiguo Fuerte del Rastrillar
Más allá de la Puerta del Merenillo, la calle San Marcial prosigue ladera arriba, dejando atrás las últimas casas. Son apenas 500 metros, pero con una pendiente muy pronunciada con el cementerio a un lado y una ladera llena de matorrales al otro que cae a pico sobre el puerto.

Por fin, se llega al complejo fortificado del Rastrillar que conserva aquí y allá algunas construcciones rehabilitadas y en un costado el Mirador de la Caracola. Desde aquí se tienen unas vistas impresionantes de la playa de La Salvé, el puerto y la zona nueva de Laredo e incluso se puede atisbar al otro lado de la bahía la localidad de Santoña.
Si se sigue el sendero bien señalizado se llega hasta el otro mirador, el de la Rosa de los Vientos situado casi en el extremo del promontorio. Esto permite que pueda divisarse a ambos lados unas vistas excepcionales.
Dónde dormir en Laredo
La mayoría de hoteles de Laredo se encuentran en la zona nueva a cierta distancia de la Puebla Vieja. Sin embargo, el Hotel Ramona está muy bien situado, junto a la estación de autobuses y la Plaza Cachupín. Además, cuenta con habitaciones amplias y luminosas.
Si se prefiere la comodidad de un apartamento, uno de los mejores es el Ático con vistas de la avenida Menéndez Pelayo realmente espléndido con tres dormitorios y a un minuto del antiguo Ayuntamiento.
Artículo escrito por David

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