Uno de los conjuntos históricos más importantes de Castilla-La Mancha
La magnífica estampa del Castillo de Belmonte (siglo XV)

La magnífica estampa del Castillo de Belmonte (siglo XV)

Casi a medio camino entre Madrid y Valencia, en mitad de La Mancha, se alza sobre una colina el castillo de Belmonte, una de las fortalezas medievales más impresionantes de España.

Ladera abajo se desparrama el pueblo con sus casitas encaladas, parte de las antiguas murallas y varios edificios históricos de gran interés, especialmente su admirable colegiata.

Vista del pueblo de Belmonte desde el adarve del castillo

Vista del pueblo de Belmonte desde el adarve del castillo

El castillo de Belmonte además es un monumento con una actividad tremendamente dinámica que ofrece visitas guiadas, visitas teatralizadas, catas de vino o aceite, recreaciones históricas, noches de misterio. Y por supuesto, el Torneo de Combate Medieval que se suele celebrar a mediados de septiembre y que atrae a cientos de personas cada año.

Todos estos alicientes hacen que Belmonte disfrute de una oferta de hospedaje de primer orden. De hecho, varios de sus antiguos palacios y casonas señoriales se han acondicionado como hoteles y se han convertido en la mejor opción para alojarse en toda La Mancha.

Belmonte es, por tanto, un destino ideal en el que pasar unos días rodeados de historia. Y también puede ser una buena “base de operaciones” para explorar la región. Ya que no muy lejos encontramos las ruinas romanas de Segóbriga, la ciudad de Cuenca, el bonito pueblo de Huete o los molinos de Consuegra.

El castillo de Belmonte y el Palacio del Infante Don Juan Manuel pertenecen a la asociación de Red de Patrimonio Histórico de España que acoge a los castillos y palacios más relevantes del país.

Puerta del Sol y torre de la Colegiata de Belmonte

Puerta del Sol y torre de la Colegiata de Belmonte

Breve historia

A finales del siglo XII los cristianos conquistaron estas tierras a los árabes. Años después, en 1324 la villa había crecido de manera que Don Juan Manuel, el señor de la villa, hizo construir unas murallas y un alcázar sobre el cerro de San Cristóbal.

Juan Pacheco

En 1398 el señorío de Belmonte pasó, por orden real, a manos de la familia Pacheco, que daría a la villa su momento de mayor esplendor. En especial Juan Pacheco, nacido ya en Belmonte, el cual hizo construir un castillo palacio sobre el anterior alcázar y también la colegiata.

Juan Pacheco, primer Marqués de Villena convirtió a Belmonte en la cabeza del marquesado, el señorío más extenso y poderoso de Castilla a mediados del siglo XV. El marquesado de Villena cubría aproximadamente las actuales provincias de Cuenca y Albacete y parte de las provincias limítrofes.

Los Pacheco eran la familia más poderosa de Castilla en tiempos del reinado de Enrique IV, ya que ciertamente se encargaban de buena parte del gobierno.

En el conflicto por la sucesión de este rey, los Pacheco se pusieron de parte de Juana la Beltraneja. Sin embargo, Juan Pacheco y Enrique IV murieron a finales de 1474 y poco después se desató la conocida como Guerra de sucesión castellana, de la que salió vencedora Isabel la católica.

Diego López Pacheco, II Marqués de Villena tuvo que transigir con las capitulaciones que le impusieron los Reyes Católicos y en pocos años los Pacheco perdieron gran parte de su poder, influencia y territorios.

A pesar de ello los siglos XVI y XVII fueron prósperos para la villa gracias a la celebración de mercados y ferias y la fama del Colegio de La Compañía de Jesús y el Monasterio franciscano.

Charlton Heston como el Cid con el castillo al fondo

Charlton Heston como el Cid con el castillo al fondo

Siglo XIX

Durante la Guerra de independencia (1808-14) los franceses utilizaron el castillo como cárcel, mientras el guerrillero conocido como Francisquete les hostigaba, aunque finalmente fue atrapado en Belmonte y ajusticiado.

Tras un rocambolesco proceso hereditario en 1857, el castillo de Belmonte acabó en manos de Eugenia de Montijo, la emperatriz de Francia. María Eugenia Ignacia Agustina de Palafox-Portocarrero de Guzmán y Kirkpatrick, era, ciertamente, una pariente lejana de María de Portocarreño la esposa de Juan Pacheco.

Últimos tiempos

Tras la Guerra Civil española el castillo sufrió un serio deterioro y fue abandonado. Puntualmente se utilizó como escenario de grandes películas como “El Cid” (1961), “Los señores del acero” (1985) o la española “Juana la loca” (2001).
La última gran rehabilitación se llevó a cabo entre los años 2008-2016 devolviendo al castillo todo su esplendor, permitiendo así la visita y la celebración de numerosos eventos.

Visita teatralizada con Eugenia de Montijo y su confesor

Visita teatralizada con Eugenia de Montijo y su confesor

El Castillo de Belmonte

A mediados del siglo XVI Juan Pacheco mandó construir un castillo de estilo gótico mudéjar. Siglos después, en 1857 Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, heredó el castillo y procedió a restaurarlo en un estilo neogótico romántico, muy en boga en aquella época.

La visita guiada permite conocer y disfrutar al máximo de esta fortaleza, aunque también hay, si se prefieren, visitas libres con audioguía y en ocasiones teatralizadas.

Merece la pena reservar al menos dos horas para explorar todos los rincones de la fortaleza belmonteña. Desde luego no hay que perderse algunos sitios imprescindibles como el Salón de los embajadores o el adarve.

Tras acceder al recinto por la almenada Puerta del Campo, hay que penetrar por una segunda puerta. Este pórtico posee un elegante tímpano tallado con un paje junto a los escudos nobiliarios de Juan Pacheco y su esposa María Portocarrero.

La preciosa techumbre del Salón de Gobierno

La preciosa techumbre del Salón de Gobierno

El Patio de Armas

Al otro lado, está el patio de armas, con una curiosa planta de pentágono, y en el que conviven el castillo medieval y la reconstrucción del XIX en ladrillo de tiempos de Eugenia de Montijo.

El Palacio Medieval

Subiendo por la escalera principal llegamos al ala norte donde vemos la recreación de varias estancias de la servidumbre.
Pero es el ala sur la que posee gran interés. Aquí encontramos el Salón de Gobierno una gran estancia de 147 metros cuadrados donde se cocía la vida social y política del marquesado de Villena. Aquí se daban recepciones importantes y se celebraban banquetes bajo un precioso artesonado y un friso corrido cubierto de vegetación, niños, leones y animales fantásticos.

En un lado, una puerta gótica da acceso al conocido como Salón de embajadores, donde según parece se hacía esperar a los visitantes para que admiraran la grandeza del marquesado.

Alfeizar con relieves góticos flamigeros (Salón de embajadores)

Alfeizar con relieves góticos flamigeros (Salón de embajadores)

La techumbre gótico-mudéjar de este salón resulta realmente impresionante no sólo por su belleza, sino también por la complejidad de su estructura. En ella destaca la presencia de mocárabes, un elemento arquitectónico ornamental propio del arte nazarí y mudéjar. En España se pueden encontrar en muy pocos lugares, entre los que destacan la Alhambra, el Real Alcázar de Sevilla, el Palacio de la Aljafería de Zaragoza y el Castillo de Belmonte.

El otro punto de atención son las dos ventanas en cuyos alfeizares hay preciosos relieves labrados en piedra, una magnífica muestra de gótico flamígero. En uno de ellos puede verse a leones como símbolo del poderío de los Pacheco y a varios perros como representación de la fidelidad.

Las estancias señoriales

En el piso superior encontramos la planta noble, donde la emperatriz Eugenia de Montijo sitúo los dormitorios y su salón privado. Nuevamente son las techumbres y artesonados lo más destacado y bien merecen doblar el cuello un buen rato para admirarlos.

Se cree que la techumbre de uno de los dormitorios, cubierta de casetones de colores con estrellas, círculos y tréboles, giraba creando una atmosfera llena de encanto.

Adarve y pueblo de Belmonte al fondo

Adarve y pueblo de Belmonte al fondo

El adarve

Finalmente, unas escaleras suben hasta el camino de ronda del castillo. Además, se puede acceder a las siete torres, incluida la torre del homenaje y disfrutar de unas vistas privilegiadas del recinto amurallado y el pueblo.

A los pies del castillo se conserva una gran explanada donde se celebran los torneos de combate medieval y también donde se rodaron muchas de las escenas de la mítica película de «EL Cid» con Charlton Heston y Sophia Loren.

Puerta del Almudín, una de las puertas medievales que se conserva

Puerta del Almudín, una de las puertas medievales que se conserva

Qué más ver en Belmonte

Murallas y Puertas de la villa

Las murallas bajan la ladera desde el castillo en dos brazos (el lienzo norte y el sur). En su día abrazaban todo el pueblo, pero con el crecimiento urbano y la pérdida de su función defensiva se derribó parte del recinto amurallado.

En todo caso se han conservado tres de las cinco puertas que tuvo Belmonte. La Puerta de Chinchilla con sus dos torreones cilíndricos es la que ha preservado mejor su estructura original. También podemos citar la Puerta de la Estrella y la Puerta del Almudín que han sufrido algún añadido posterior, como la hornacina con el Cristo de la Puerta del Almudín.

Colegiata de San Bartolomé

Juan Pacheco hizo construir en 1459 esta iglesia, sobre otra ya existente, consiguiendo para ella el título de colegiata, gracias a una bula papal. La Colegiata de Belmonte es, indudablemente, junto al castillo, la otra joya arquitectónica de Belmonte.

De su exterior destacan sus dos portadas ambas del gótico tardío con algún elemento posterior.
De la Puerta de los Perdones destaca el parteluz que separa dos arcos carpaneles geminados y sobre ellos la figura de San Bartolomé.

La magnífica reja de la Capilla de la Anunciación (s.XVI)

La magnífica reja de la Capilla de la Anunciación (s.XVI)

La Puerta del Sol, por su parte, orientada al mediodía posee un llamativo tímpano bajo un arco trilobulado. En este tímpano se incluyeron posteriormente, ya en estilo plateresco varios elementos, entre ellos las imágenes de San Pedro y San Pablo.

El interior es de tres naves con bóvedas de crucería y arcos apuntados. A las naves laterales se adosaron hasta 13 capillas costeadas por las familias más pudientes de la localidad. Entre las que destaca la Capilla de la Anunciación fundada por un pariente de Fray Luis de León, con su preciosa verja plateresca plagada de elementos decorativos.

Las verjas de otras capillas también tienen gran interés, aunque estas se encuentran ennegrecidas. Según parece, fueron los propios belmonteños quienes quisieron ocultar el verdadero valor de las rejas para que no fueran saqueadas por las tropas francesas durante la Guerra de Independencia.

En el ábside de la colegiata se sitúa la Capilla mayor, por supuesto, estaba reservada a la familia Pacheco. En ella pueden verse cuatro esplendidos sepulcros tallados en mármol pertenecientes a los abuelos y los padres de Juan Pacheco.

En un costado, la humilde Capilla de San Juan cobija, sin embargo, algunas de las piezas más antiguas y valiosas del templo, entre ellas el retablo de campaña de Juan Pacheco, que el noble se llevaba en sus viajes.

El interesante coro historiado de la colegiata

El interesante coro historiado de la colegiata

En el centro de la nave central se sitúa el coro tallado de 1452-54 y considerado el primer coro historiado de España. Se hizo originalmente para la Catedral de Cuenca, pero en el siglo XVIII se quedó pequeño para el número de canónigos que había y fue vendido a la Colegiata de Belmonte.
En el respaldo de la sillería hay preciosas escenas talladas del antiguo y el nuevo testamento, y en el envés de las misericordias (asientos) animales fantásticos, personajes satíricos y humorísticos.

Los Molinos de Belmonte

Si se tiene algo más de tiempo puede ser interesante visitar los molinos típicos de La Mancha de Belmonte.

En las colinas que rodean el pueblo se conservan seis molinos de viento originales del siglo XVI, que fueron reconstruidos en el siglo pasado. El molino “El Puntal” puede visitarse en su interior donde se muestra la maquinaria original con los engranajes de madera y las grandes piedras de moler el grano.

Palacio del Infante Don Juan Manuel hoy hotel-spa

Palacio del Infante Don Juan Manuel hoy hotel-spa (foto: rutourbelmonte.es)

Hoteles, palacios y conventos

Buena parte de las construcciones más relevantes que se levantaron en el periodo de mayor esplendor de la villa siguen en pie con otros usos. Es el caso por ejemplo del enorme Convento de los Trinitarios que acogió a la orden de los franciscanos hasta 1919, luego fue una escuela y en la actualidad parte de él se destina a las dependencias del Centro de salud.

Por su parte, varios palacios y casonas señoriales han sido convertidos en hoteles y alojamientos rurales.
El más destacado es probablemente el Palacio del Infante Don Juan Manuel construido a mediados del siglo XIV. Actualmente está totalmente reconstruido, aunque se han respetado algunos elementos originales, y alberga un hotel spa de cuatro estrellas.

Otros alojamientos muy recomendables pueden encontrarse en el Palacio de Buenavista y en la Hospedería Real la Casona la Beltraneja.
Mención a parte merece el Hotel El Bálsamo, un precioso alojamiento de cinco estrellas que ocupa una mansión del siglo XVI y que como su propio nombre indica posee un ambiente y una delicada decoración que trasmite sosiego y buenas vibraciones.

(Artículo escrito por David)

Hotel El Bálsamo

Hotel El Bálsamo

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