
Situada a apenas 25 kilómetros al sur de la ciudad de Badajoz, Olivenza es, sin duda, una de las localidades más espléndidas de Extremadura. Su aspecto de apacible pueblo extremeño, de casitas bajas y encaladas no debe confundir al viajero. Olivenza atesora un patrimonio histórico-artístico espléndido, una gastronomía suculenta y un museo etnográfico, que ya quisiera para sí cualquier gran ciudad.

Esta localidad fronteriza fue antaño una plaza estratégica, codiciada por España y Portugal, por lo que cambió de manos en varias ocasiones. Ciertamente, Olivenza fue portuguesa durante cinco siglos y la herencia del país vecino sigue muy presente.
Los portugueses construyeron en ese tiempo hasta cuatro cinturones de murallas y dejaron en la villa varias joyas de un estilo genuinamente portugués: el manuelino, por el rey Manuel I. Por lo que hoy Olivenza puede presumir de ser uno de los pocos enclaves con monumentos del espléndido estilo manuelino, fuera del territorio actual portugués.
Todo ello ha dado origen a un pueblo mestizo, único en España, en el que la mayor parte de sus monumentos históricos son de herencia portuguesa.

La visita a Olivenza no puede hacerse de manera apresurada, merece al menos un día entero, ya que solamente la Torre del Homenaje del castillo y el anexo Museo Etnográfico precisan unas dos o tres horas.
Mención especial merecen las dos iglesias (Santa María del Castillo y La Magdalena) y la Capilla del Espíritu Santo. Tres bellos templos portugueses que se construyeron en el siglo XVI, el momento considerado de mayor esplendor de la villa.
Nuestra recomendación es realizar la visita guiada a Olivenza con Ana Rosa, la encantadora guía local, que explica de manera amena el contexto histórico y realiza un recorrido por los lugares más atractivos de la villa.
También conviene pasarse por la Oficina de Turismo de Olivenza (Plaza San Juan de Dios, s/nº. Tel: 924- 490 151), donde ponen a disposición del visitante todo tipo de mapas, abonos de monumentos e información sobre el pueblo y la región.

Breve historia
En estas tierras se han encontrado pocos restos arqueológicos del paso de romanos, visigodos y árabes. Quizá lo más destacable sea la existencia en la pedanía de San Francisco, de la iglesia visigoda de Valdecebadar, lamentablemente en ruinas, de la que apenas quedan poco más que los cimientos.
En 1230 Alfonso IX de León conquistó la importante plaza árabe de Badajoz (Batalyaws) y para recompensar a los templarios por su intervención en la campaña, les cedió amplios territorios en la región. La Orden Templaria fundó años después la encomienda de Olivenza, en aquel tiempo apenas unas cuantas casas y huertos en torno a un manantial.

Olivença portuguesa
A finales del siglo XIII los reinos de León y Castilla se habían unificado, pero atravesaban tiempos convulsos, un rey menor de edad, alzamiento de la nobleza, hostigamiento de los estados vecinos.
El rey Dionisio I de Portugal (D. Dinis) supo aprovechar la debilidad de la corona castellana, que se vio obligada a firmar el Tratado de Alcañices (1297), por el que Castilla cedió varias plazas fuertes a lo largo de la frontera, entre ellas Olivenza.
Al año siguiente el rey portugués le concedió la Carta Foral, con lo que Olivença alcanzó la categoría de villa.
Los sucesores de D. Dinis reforzaron la defensa de la villa con un recinto amurallado y a finales del siglo XV se fortaleció la Torre del Homenaje, convirtiéndola en la más alta de Portugal. En 1510 el rey Manuel I mandó construir sobre el ancho río Guadiana el Puente de Ajuda, una gran obra de ingeniería de 380 metros de largo con una gran torre defensiva en medio. El Puente de Ajuda conectaba Olivença con Elvas, la otra gran plaza fuerte fronteriza del Alentejo.

En 1580 Felipe II de España invadió Portugal exigiendo su derecho al trono luso, al ser hijo de Isabel de Portugal. La unión de ambas coronas duró apenas unas décadas, ya que, tras un largo conflicto Portugal recuperó su independencia en 1668, con la firma del Tratado de Lisboa. El ejército español se retiró de algunas plazas conquistadas, entre ellas Olivenza.
Olivenza española
Aunque los portugueses construyeron un cuarto cinturón de murallas, lo cierto es que tras la voladura del Puente de Ajuda en 1709, su situación aislada en la margen izquierda del río Guadiana hacía complicada y muy costosa su defensa. De manera que, en la breve Guerra de las Naranjas de 1801, España arrebató la plaza a Portugal.
Isabel II concedió en 1858 a Olivenza el título de ciudad, aunque mantiene un carácter indudablemente rural. Hoy sus algo más de 11.000 habitantes viven principalmente de la agricultura, aunque poco a poco va tomando más relevancia el sector turístico, atraído por su enorme patrimonio histórico.
Lo cierto es que, tras los más de dos siglos transcurridos, ciertos sectores de la sociedad portuguesa siguen reclamando la soberanía portuguesa de Olivenza.

Qué ver en Olivenza
Ciudadela medieval
Olivenza tiene muchas capas, como una cebolla, tantas al menos como los cuatro cinturones de murallas que la protegieron desde el siglo XIV hasta la incruenta anexión española, allá por 1801.
En el centro de la ciudad se sitúa el alcázar mandado construir en 1306 por D. Dinis y que conserva buena parte de su recinto amurallado. Este rectángulo de murallas tuvo en su momento catorce torres y cuatro puertas, de las que han sobrevivido dos originales: la Puerta de Alconchel y la de Los Ángeles. De hecho, la Puerta de Alconchel con sus dos robustos torreones sobresaliendo por encima de la muralla y las casas encaladas es uno de los lugares más emblemáticos de Olivenza.
Junto al castillo encontramos la Puerta de San Sebastián, reconstruida ya en este siglo y junto al ayuntamiento la Puerta de la Gracia, convertida en un arco integrado bajo las casas encaladas.
En una esquina de la Plaza de Santa María hay un punto estratégico desde el cual pueden verse las cuatro puertas, que da fe de una traza urbanística perfectamente planificada. Curiosamente en el centro histórico los carteles de las calles son azulejos con el nombre español, pero también el que tenía en tiempos de la Olivença portuguesa.
La Plaza de Santa María, en el centro de la villa, alberga varios de los monumentos más excepcionales: El castillo con la torre del homenaje, el Museo Etnográfico y la Iglesia de Santa María.

Castillo de Olivenza
Alejado de la típica imagen de castillo medieval situado en lo alto de una colina, la fortaleza oliventina se resguarda tras las murallas en el centro de la villa.
El castillo fue construido y ampliado por sucesivos reyes portugueses en los siglos XIV y XV. En 1488 D. João II levantó una altísima torre del homenaje de 35 metros de altura, que no debió ser muy del agrado de los Reyes Católicos en tiempos supuestamente de paz.
El acceso al recinto del castillo se hace a través de una puerta con el escueto cartel de “Museo”, junto a la torre del homenaje. Esta visita resulta imprescindible ya que la entrada conjunta permite visitar el paseo de ronda de las murallas, la Torre del Homenaje y el Museo Etnográfico Extremeño.
Pasear por el adarve y curiosear en tres de las torres de las murallas resulta muy interesante. Pero el plato fuerte es subir a la Torre del Homenaje, que al contrario que otras torres medievales no cuenta con una angosta escalera de caracol, si no que posee una larga y ancha rampa. Esta se construyó así para facilitar la subida de las piezas de artillería y quizá también de bestias de carga con víveres y armas.
Desde lo alto de la torre se tiene una vista espléndida de toda la localidad, un mar de tejados rojos y casas blancas entre las que solo despuntan los campanarios de las iglesias.

Museo Etnográfico
Este extraordinario museo es, sin duda, una de las grandes sorpresas que esconde Badajoz, la provincia española más extensa y a la vez una de las más desconocidas.
El museo tomó su nombre de Francisco González Santana, un oliventino que durante más de cuatro décadas amasó una ingente colección etnográfica y que supone en torno al 60% de los fondos actuales del museo.
En los años 80 se celebraron varias exposiciones temporales y su éxito originó la creación del museo, inaugurado finalmente en 1991. Posteriormente la colección se amplió con numerosas donaciones de los propios vecinos.
El gran valor de este museo es que todas las piezas proceden de Olivenza. Por lo que ofrece un testimonio tremendamente veraz de los oficios, las tiendas, las casas, la vida social y las costumbres de esta ciudad especialmente en la primera mitad del siglo XX.
Las personas interesadas por la historia reciente de nuestro país disfrutarán enormemente al verse transportadas a otra época en cada una de las salas. De hecho, muchas de las herramientas, aparatos y cachivaches que se muestran y eran cotidianos hace medio siglo, están hoy en desuso.

Hay una treintena de espacios en los que se muestra tal y como eran antaño los talleres, los comercios, la escuela o la alcoba de los vecinos. Salas con miles de piezas y objetos cuidadosamente colocados de manera que uno cree estar en una de aquellas estancias.
El museo brinda un recorrido por la bodega, la herrería, la zapatería, la carpintería, la barbería y por su puesto la sastrería del pueblo. No en vano Francisco González Santana, era hijo de un sastre y una bordadora.
Nuestra preferida es la tienda de ultramarinos de principios del siglo XX, en la que se puede pasar rato largo admirando cada detalle: los cajones con legumbres, los molinillos de café, la báscula con un saco de harina, las cajas de hojalata…
También hay gran sala con instrumentos musicales y diversas estancias de una casa burguesa y una casa labriega. Y entre ellas, la amplia sala de matanza, típica de esta zona en la que la cría de cerdos es una parte importante de la economía.
Finalmente, también encontramos una sala con obras de arte sacro y piezas arqueológicas, entre las que destaca la piedra fundacional del castillo con una inscripción en portugués de 1306.

Iglesia Santa María del Castillo
Situada junto al castillo, que le presta su nombre, esta iglesia se construyó entre 1584 y 1627 sobre los cimientos de la iglesia más antigua de la villa.
Las fechas de su edificación son muy relevantes para entender las claras diferencias con los otros dos templos oliventinos erigidos en el siglo XVI.
Cuatro años antes de comenzar las obras, Felipe II de España había tomado Lisboa, proclamándose rey también de Portugal.
Ese mismo año de 1584 finalizaban en El Escorial las obras del enorme complejo palaciego de Felipe II, ejemplo palmario de su gusto por la sobriedad.
Santa María del Castillo presenta, quizá por ello, un aspecto bastante austero, más propio del Renacimiento tardío que del estilo manuelino. La puerta lateral es el elemento más claramente manuelino, mientras que la portada principal es renacentista, además incluye en las basas de las columnas los escudos del águila bicéfala de los Austrias.
Su interior de tres naves de la misma altura sostenidas por esbeltas columnas y bóvedas de arista es también sobrio y originalmente carente de ornamentación. Cierto es, que posteriormente se añadieron en las capillas refulgentes retablos barrocos. Entre ellos, destaca por su singularidad “El árbol de Jesé” un impresionante retablo en el que se muestra el árbol genealógico a partir de la figura de Jesé y que finaliza en la Virgen que lleva en brazos a Jesús.

Plaza de la Constitución y Calle Caridad
El centro económico y social de Olivenza es gran medida la alargada Plaza de la Constitución, parcialmente peatonal al igual que la Calle Caridad. Pasear por ambas es de lo más agradable, ya que no solamente están llenas de tiendas, cafeterías y edificios históricos. Además, el pavimento, al igual que otras muchas ciudades del otro lado de la frontera, ha sido cubierto de mosaicos al modo de calzada portuguesa.
En la Plaza de la Constitución se halla el largo y níveo Palacio Municipal oliventino en el que resalta su espléndida portada manuelina, uno de los símbolos de la ciudad.
La exuberante portada del ayuntamiento está profusamente decorada con algunos de los elementos típicos del estilo manuelino: escudos de Portugal, esferas armilares (como símbolo de su poder marítimo), así como la cruz de Cristo. Toda la puerta está ribeteada por una parra de la que penden racimos de uvas, otro símbolo cristiano y también vemos niños y algunos animales.

Iglesia de la Magdalena
En un extremo de la Plaza de la Constitución se alza la Iglesia de la Magdalena, a nuestro juicio la mayor joya de Olivenza. La construcción de la iglesia se encargó, según parece, a Martim Lourenço el mestre pedreiro también responsable de otras obras destacables en las cercanas Évora y Elvas.
El templo se levantó en la segunda década del siglo XVI, en tiempos del rey Manuel I O Venturoso, el periodo de mayor esplendor del estilo manuelino.
La torre se asemeja a la de Santa María del Castillo, pero más recargada, con gárgolas, elementos marineros y falsas almenas.
La puerta principal se añadió después en estilo renacentista, pero la puerta lateral es una belleza manuelina con un arco polilobulado y decoración vegetal, cabezas y bestias.
Su interior resulta espectacular, con dos filas de columnas que se retuercen simulando los gruesos cabos de los navíos, de nuevo haciendo referencia al poderío marítimo portugués.
En la cabecera destaca su Capilla Mayor con un gran retablo barroco del siglo XVIII y junto a los muros otras nueve capillas con sus respectivos retablos la mayoría barrocos, pero también tres neoclásicos. En todo caso, es la azulejería de tonos azules, que cubre casi todos los muros, la que llama nuestra atención, con escenas de la vida de diversos santos.

Capilla del Espíritu Santo
El Hospital y Santa Casa de Misericordia fundada en 1501 es una de las instituciones de asistencia social más antiguas de Extremadura. A mediados del siglo XVI se levantó anexo al hospital, la Capilla del Espíritu Santo, aunque su aspecto actual totalmente cubierta de azulejería portuguesa data de 1723.
Se trata de una capilla, de una sola nave, eminentemente barroca con un retablo mayor rebosante con columnas salomónicas, angelotes, parras que se enroscan, aves y conchas marinas.
Las azulejerías muestran varias escenas de milagros de una ingenuidad encantadora, como la historia bíblica de Daniel en el foso de los leones o el pasaje en el que Dios entrega vestidos de piel a Adán y Eva.
Qué más ver en Olivenza
Baluartes y Puerta del Calvario
Tras ser Felipe II coronado como rey de Portugal en 1580 se produjo la conocida como Unión Ibérica. Sin embargo, los numerosos agravios produjeron en el pueblo portugués un creciente descontento que culminó con la sublevación y la proclamación de João IV como rey de Portugal en 1640.

Dio comienzo así un largo conflicto, la Guerra de Restauración portuguesa, en el curso de la cual, el país vecino fortificó varias de sus plazas fronterizas. Tanto Olivença como Elvas o Monsaraz formaban parte de esa primera línea de defensa portuguesa y todas se fortificaron con una larga muralla abaluartada.
Los baluartes son una especie de punta de lanza que sobresale de la línea de murallas y que permitía una defensa mucho más efectiva de la ciudad.
El ejército español conquistó Olivenza después de cuatro intentos en 1657, aunque tuvo que devolverla una década después tras el Tratado de Lisboa.
Aquellos nueve baluartes construidos en Olivenza por los portugueses a mediados del siglo XVII siguen en pie en su mayor parte. Pueden verse remarcados en el plano que ofrece la Oficina de turismo.
Aunque al perder su función defensiva casi todos han sido integrados en la ciudad y ocupado su interior por el Auditorio de música, conventos, casas e incluso la Plaza de toros.
De las varias puertas que llegó a tener la muralla abaluartada, solo se conserva una, la imponente Puerta del Calvario. Merece la pena atravesarla y admirarla extramuros, ya que además desde ese punto puede contemplarse un buen tramo de murallas y dos de los baluartes mejor conservados.

Precisamente en el interior de uno de ellos se construyó el Convento San Juan de Dios, que hoy alberga diferentes dependencias municipales, entre ellas la Oficina de turismo.
También dentro del antiguo convento puede visitarse el Museo Papercraft, con una exposición muy peculiar que muestra centenares de esculturas realizadas en papel con temáticas diversas: monumentos, la Guerra de las Galaxias y diversos personajes de películas y series de animación.
Paseo Grande y Paseo Chico
Quizá el lugar de reunión preferido de los oliventinos sea la Plaza de España y la Avenida Portugal, aunque se les conozca en realidad por el Paseo Grande y el Paseo Chico. Son dos bulevares con mucho encanto, jalonados de palmeras y con el piso cubierto de azulejos en blanco y negro formando diseños geométricos y vegetales.
En torno a los paseos hay varias tiendas y cafeterías, así como el Palacete de los Marzal.

Cuartel de Caballería
A espaldas del castillo se encuentra un largo edificio de casi 120 metros de fachada. Se trata del Cuartel de Caballería construido en el siglo XVIII como sede del Regimento de Cavalaria ligera y después del Regimento Dragões de Olivença.
Como suele suceder con las construcciones castrenses es un edificio funcional sin decoración. Cuenta con dos plantas, la inferior para la caballería y la superior para la tropa y que en su momento pudo llegar a albergar 12 escuadrones y casi 500 caballos.
Posteriormente ha sido utilizado para múltiples usos: instituto de Bachillerato, parque de bomberos, centro de Salud y en la actualidad alberga la Universidad Popular.
Dónde comer
No debe dejarse pasar la oportunidad de saborear la gastronomía oliventina, digna heredera de la cocina portuguesa y la extremeña.
Hay numerosos bares en toda Olivenza, pero si se desea un menú algo más elaborado hay dos restaurantes muy recomendables.
Por un lado, el Restaurante-Hostal Dosca, situado casi frente al Ayuntamiento con una carta con platos tan interesantes como la ensalada de perdiz, el solomillo ibérico en sus distintas variantes, así como tres o cuatro tipos distintos de bacalao.

Por su parte el Restaurante La Rala, aunque también cuenta con carta, quizá es más adecuado si se prefiere comer a base de raciones y tapas.
Ofrece platos de carne, solomillo y pluma ibérica, pero también de pescados y mariscos, croquetas, ensaladas…
Como postre, nada mejor que probar el dulce típico de la ciudad de nombre algo misterioso: la Técula mécula. Un postre contundente cuyos ingredientes básicos son almendras, huevo, azúcar y una base de hojaldre que proviene de una antigua receta que guarda con celo la Pastelería Fuentes de Olivenza.
Alojamiento en Olivenza
Una opción magnífica es el Hotel Rural Olivenza Palacio, un cuatro estrellas, pero con un precio más que asequible. Con un patio interior precioso para tomar un café y habitaciones con mucho encanto.
Si se prefiere un apartamento, A Casa da Mãe es una elección acertada por calidad, precio y situación de los alojamientos, en una calle tranquila cerca de la iglesia de la Magdalena.
Artículo escrito por David

España (zona Sur):
Andalucía:
Carcabuey (Córdoba)
Iznájar (Córdoba)
Lucena (Córdoba)
Priego de Córdoba (Córdoba)
Zuheros (Córdoba)
Canarias:
Santa Cruz de Tenerife
Extremadura:
Cáceres
Guadalupe (Cáceres)
Hervás (Cáceres)
Jerez de los Caballeros (Badajoz)
Olivenza (Badajoz)
Trujillo (Cáceres)
Valle de Ambroz (Cáceres)
101 Lugares de Extremadura sorprendentes



15 julio, 2026 at 2:15 pm
Se ve que es una pequeña ciudad hermosa y con mucha historia, definitivamente quiero conocerla
16 julio, 2026 at 6:26 am
Pues si Alejandro, Olivenza es uno de los pueblos más atractivos de Extremadura. Te animamos a que lo visites