
Pese a no ser demasiado conocida fuera de las fronteras alemanas, Celle está considerada, con razón, una de las ciudades más bonitas del país. De hecho, su bien conservado y sin apenas tráfico, centro histórico mantiene el aspecto de un pueblecito alemán, aunque hoy ciertamente lleno de restaurantes, hotelitos y tiendas de todo tipo.
Esta ciudad de la Baja Sajonia, a tiro de piedra de Hamburgo, es uno de los lugares con mayor número de fachwerks o casas de entramado de madera de Alemania. Gran parte de estas casas, unas 500, datan de los siglos XVI al XVIII y convierten el recorrido por su Altstatd en un paseo de lo más placentero.

Celle también cuenta con una preciosa iglesia barroca, un ayuntamiento renacentista, un palacio de aspecto encantador y varios museos interesantes.
Por si todo esto fuera poco, esta localidad de la Baja Sajonia guarda una sorpresa para los amantes de la arquitectura moderna, ya que posee un conjunto envidiable de edificios de la conocida escuela de la Bauhaus. Y es que las calles de Celle ofrecen toda una lección de arte desde el Renacimiento hasta nuestros días.
Todo ello acompañado de una oferta gastronómica realmente atractiva, donde sobresalen los restaurantes de cocina tradicional alemana.
Cómo llegar a Celle
La ciudad de Celle se encuentra situada en el estado alemán de Baja Sajonia (Niedersachsen en alemán). Hannover la capital de ese estado del norte está a apenas a 40 kilómetros y resulta muy accesible llegar tanto por carretera (unos 45 min) como por tren (menos de media hora).

Por su parte Bremen y Hamburgo se encuentran a algo más de 100 kilómetros y se puede llegar a Celle dependiendo del tipo de transporte entre 1 o 2 horas. Incluso Berlín, la capital alemana, no está demasiado lejos, a unos 275 kilómetros y puede ser una buena excursión de fin de semana.
Con Civitatis pueden hacerse varias actividades en las ciudades importantes de la zona, principalmente visitas guiadas en Hannover y Hamburgo.

Breve historia
Edad Media
La localidad de Celle se fundó en 1292 a orillas del río Aller, un afluente del caudaloso río Weser, que desemboca en el Mar del Norte más allá de Bremen.
Celle formaba parte del Ducado de Braunschweig-Lüneburg, en un rompecabezas de pequeños territorios autónomos dentro del Sacro Imperio Romano Germánico.
La ciudad comenzó a ganar notoriedad cuando el duque Alberto de Sajonia-Wittenberg la convirtió en su residencia oficial en 1378. A partir de ese momento el castillo se fue transformando en palacio, la capital del ducado creció y se construyó una muralla en torno a ella.

Siglos XVI y XVII
En 1524 el Duque Ernesto I el Confesor introdujo la reforma protestante en Celle, siendo una de las primeras ciudades alemanas en adherirse a la nueva corriente luterana.
Con el gobierno del Duque Jorge Guillermo (Georg Wilhelm zu Braunschweig-Lüneburg) en la segunda mitad del siglo XVII Celle vivió un momento de gran esplendor cultural y económico. El duque y su esposa francesa Eleonor atrajeron a su corte a artesanos, pintores, escultores y convirtieron la residencia ducal en un hermoso palacio barroco.
A la muerte del Duque Jorge Guillermo en 1705 la ciudad perdió su condición de residencia ducal y su relevancia mermó notablemente. Aunque fue compensada con la instalación de varias instituciones y tribunales que poblaron la ciudad de funcionarios.
Siglo XX
En 1906 Otto Haesler instaló su estudio aquí, y años más tarde realizó algunos de los proyectos de viviendas más destacados del movimiento de la Nueva Objetividad y la Bauhaus.
Durante la Segunda Guerra Mundial esta localidad alemanana no sufrió graves daños por los bombardeos aliados, al contrario de otras ciudades cercanas como Braunschweig o Hannover. Ello permitió conservar su espléndido conjunto de casas de entramado de madera.
Tras la guerra Celle recibió numerosos refugiados, sobre todo de Alemania oriental, de manera que su población se duplicó en pocos años.

Qué ver en Celle
Altstadt (Casco antiguo)
El centro histórico de Celle es una magnífica muestra de la arquitectura local, por la enorme cantidad de casas de entramado de madera que se han conservado. Un método de construcción tradicional que tiene cientos de años y que se extendió especialmente por las regiones de influencia germana.
Existen docenas de ciudades alemanas con construcciones similares como Goslar o Rothenburg ob der Tauer, pero también por ejemplo en Obernai (Alsacia, Francia) o la lejana ciudad lituana de Klaipeda, que en su día, formó parte de Prusia.
Pero es precisamente en Celle donde puede encontrarse uno de los conjuntos más compactos y armoniosos de casas de entramado de madera, muchas de ellas con más de 400 años de antigüedad.
Los fachwerks se distribuyen por todo el centro de la ciudad, incluso más allá de las murallas ya desaparecidas. En todo caso, las calles con más encanto quizá sean Mauernstraße, Zöllnerstraße y la Neuestraße tres calles paralelas que cruzan de parte a parte el casco histórico.

Casi todas las casas cuentan un tejado a dos aguas y uno o varios estrechos frisos decorados entre las plantas del edificio. En los frisos normalmente pueden verse plegarias a Dios, se cita a los dueños de la casa y la fecha de construcción y reforma.
Otra característica, que llama la atención en la actualidad, son los estrechos callejones de menos de un metro de ancho que existen entre las casas y cuya función principal era evitar la propagación del fuego entre ellas.
Imprescindibles del casco antiguo
Resulta difícil señalar los puntos más atractivos del Altstadt, pero sin duda uno de ellos debería ser el elegante Ayuntamiento viejo (Altes Rathaus) que preside la alargada plaza del Mercado.
El Ayuntamiento es fundamentalmente de estilo renacentista (finales del XVI) y en él destaca el frontón norte y los escudos de armas del Duque Guillermo el joven y su esposa Dorotea.

A dos pasos, encontramos la Kalandgasse, una callejuela estrecha medio escondida tras la iglesia de la ciudad de St. Marien y que es especialmente pintoresca y fotogénica.
La Hoppener Haus de 1532 es la casa más conocida e impresionante de la ciudad y no sólo por su gran tamaño, que cuenta con planta baja y cinco pisos. También por su elaborada decoración que incluye relieves de personajes de distintas clases sociales, seres diabólicos, reptiles…
La Hoppener Haus estará en restauración probablemente hasta 2025.
En todo caso, podemos disfrutar de otras casas más humildes, pero también con mucho encanto, como las que se encuentran en Mauernstraße 44 y 23, está última decorada con un precioso friso con escalones y peces.
La casa de entramado de madera más antigua de la ciudad data de 1526, está situada en la calle Am Heiligen Kreuz 26 y hoy es una tienda de ropa. Muy cerca encontramos adosado a una casita los pocos restos que se conservan de la antigua muralla de 1530 que rodeaba la ciudad.

Iglesia de la ciudad (Stadtkirche)
Otra de las agradables sorpresas de Celle es su iglesia de Santa María. Se comenzó a construir al fundarse la ciudad y fue consagrada años después, en 1308. De su austero exterior destaca sobremanera su alto campanario que sirve de punto de referencia tanto a locales como visitantes.
Aunque la iglesia primitiva era originalmente gótica fue reformada en siglos posteriores (XVII-XIX) en estilo barroco. De su elegante interior llama la atención una doble galería ricamente decorada con imágenes del Antiguo y el Nuevo Testamento. De hecho, la iglesia tiene una cierta apariencia de teatro y es que este templo posee una arraigada tradición coral y los cantores se sitúan en las galerías. En el lado opuesto al altar encontramos un impresionante órgano barroco reconstruido en 1999 siguiendo los planos originales.
Saliendo de la iglesia, una puerta lateral da acceso a las escaleras que suben a la torre de 74 metros de altura.
La subida es algo agotadora, pero sin duda merece la pena ya que las vistas de 360° de Celle son impresionantes, por un lado, el Palacio Ducal y sus jardines, por otro el precioso centro histórico (Altstadt).

Palacio Ducal
A priori este colorido palacio de cuento (Celler Schloss), pintado de blanco y tonos pastel puede parecer el principal monumento de la ciudad. Sin embargo, resulta bastante decepcionante para aquellos viajeros que hayan visitado otros palacios barrocos europeos como Schönbrunn (Austria), Versalles (Francia) o Aranjuez (España), por citar sólo algunos ejemplos.
Lo cierto es que el interior del Palacio Ducal está bastante reformado y solo puede visitarse una pequeña parte, ya que también alberga dependencias institucionales.
Lo más interesante es el llamado Museo de la Residencia (o Residenzmuseum) con unas cuantas estancias barrocas bien ambientadas con mobiliario, cuadros, bonitas estufas de cerámica y paneles en alemán e inglés. En ellas se hace un recorrido por la historia del palacio y los personajes más destacados que vivieron allí. Además, en algunas salas se han conservado las preciosas vigas originales pintadas con ornamentación vegetal.
Tiene otra parte puramente didáctica que parece dirigida a escolares. Pero las joyas del Palacio: la capilla renacentista y el teatro barroco sólo pueden visitarse en una visita guiada que se realiza en alemán.
En torno al palacio ducal encontramos unos bonitos jardines muy adecuados para pasear o sentarse a la sombra en días calurosos.

Museo Bomann y Museo Arte Moderno
El Museo Bomann se fundó en 1892 como “Museo Patriótico” y años más tarde tomó el nombre de su cofundador y primer director Wilhelm Bomann.
Se trata de un muy interesante museo histórico y etnográfico, que lamentablemente solo muestra paneles en lengua alemana. A pesar de ello resulta muy interesante recorrer sus salas llenas de aparatos, objetos curiosos y cuidadas escenificaciones de talleres, viviendas o almacenes.
Una de las secciones realiza un recorrido por las diversas empresas que se establecieron en Celle y que dieron trabajo a numerosos obreros a lo largo del siglo XX.
Algunas como la compañía Berkefeld dedicada a la elaboración de filtros de agua, la fábrica de galletas Trüller o la conocidísima Telefunken que construía televisores.
Otras salas muestran una casa tradicional con su mobiliario y sus distintas estancias y un poco más allá un granero con arados, herramientas y demás aperos de labranza.
La misma entrada del Museo Bomann sirve para visitar también el contiguo Museo de Arte Moderno (Kunstmuseum) bastante menos interesante, pero con alguna pieza relevante. Se promociona como abierto 24 horas ya que por la noche su fachada se ilumina y emana diversos colores.

Bauhaus en Celle
Bauhaus es el término utilizado para nombrar a la Staatliche Bauhaus una escuela de arquitectura, diseño y arte fundada por Walter Gropius en la ciudad alemana de Weimar en 1919. El nombre deriva del verbo alemán bauen (construir) y haus (casa).
La Bauhaus está considerada una de las corrientes más revolucionarias e influyentes de la arquitectura moderna. Sus edificios huyen de ornamentación superflua buscando un marcado carácter funcional con líneas rectas y puras.
En Celle el arquitecto Otto Haesler construyó edificios y urbanizaciones enteras entre 1924 y 1930 de estilo Bauhaus, lo que convierte a esta ciudad en uno de los centros más importantes de esta corriente artística.
Es posible hacer incluso un recorrido de casi 5 kilómetros al sur del centro histórico por los siete puntos de interés. Entre ellos destaca el Museo Otto Haesler o el conjunto de edificios de Sankt-Georg-Garten. Pero sobre todo el Italienischer Garten o Jardín italiano construido entre 1924-25, considerada la primera urbanización colorida de este estilo. Sus edificios cúbicos pintados de rojo, blanco y azul son todavía viviendas y siguen pareciendo modernos 100 años después.
No muy lejos del Jardín italiano encontramos el mastodóntico edificio del Nuevo Ayuntamiento, antiguo cuartel usado durante años por las tropas británicas tras la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial.
Hoy rodeado de jardines y estanques es un lugar muy agradable para pasear.

Dónde comer
Para quien le guste probar las especialidades locales nada mejor que el Restaurant Bier Akademie que se enorgullece de servir el Celler Rohe Roulade. Una variante del carpaccio de ternera que se sirve enrollado con mostaza, pimienta y otras especias.
A dos calles se encuentra el Schwejk Celle considerado uno de los mejores restaurantes de la ciudad y que ofrece una agradable mezcla de cocina checa y alemana.
En todo caso, nuestra recomendación es el restaurante Schweine Schulze (Neue Straße 36) con una abundante carta de platos tradicionales alemanes donde destaca el codillo de cerdo (Eisbein auf Sauerkraut).
Dormir en Celle
Hay bastantes opciones de alojamiento en Celle, aunque en el centro histórico suelen agotarse en las fechas más señaladas.
El Hotel Celler Hof es una buena opción ya que está situado frente a la iglesia de la ciudad, en pleno Altstadt. Tiene también sauna y un desayuno abundante.
Artículo escrito por David

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