
Salamanca es una ciudad de sobria belleza. Su universidad fundada allá por 1218 fue una de las primeras de Europa y en torno a ella se levantaron catedrales, palacios, colegios y monasterios. La ciudad vivió un largo periodo de esplendor, especialmente durante los siglos XV y XVI que coincidió con el Renacimiento y el Siglo de Oro español.
Gran parte de estos edificios históricos se levantaron usando la piedra arenisca de Villamayor, con su característico tono amarillo pálido.

Pero a principios del siglo pasado el industrial Miguel de Lis se hizo construir una mansión con retorcidas verjas, grandes ventanales y refulgentes vidrieras de colores en el mismo centro de Salamanca. Una atrevida casa modernista, siguiendo el estilo de moda de aquel momento en Europa, que suponía la oposición a la austera arquitectura salmantina y que fue muy controvertida en su momento.
El modernismo se desarrolló en España principalmente hacia 1900 en grandes ciudades con una pujante burguesía industrial como Barcelona, Valencia o Bilbao. Por lo que la Casa Lis puede considerarse, en cierto modo, toda una rareza modernista en una ciudad como Salamanca.
La Casa Lis no solamente es una obra de arte en sí misma, sino que también alberga un museo desde 1995, un espacio extraordinario para una de las mejores colecciones de Art Nouveau y Decó del mundo.
En el interior de este singular museo se exponen pinturas, porcelanas, joyas, mobiliario, juguetes y otras muchas piezas que transportarán al visitante a uno de los periodos más creativos de la historia.

En la Casa Lis-Museo de Art Nouveau y Art Decó están representados algunos de los artistas más destacados de estos dos estilos.
Podemos encontrar piezas de Émile Gallé y Louis Majorelle de la Escuela de Nancy, el famoso joyero René Lalique, porcelanas de Sèvres o Zsolnay, esculturas de Mariano Benlliure o estilizadas figuras decó de Karl Hagenauer.
Historia de la Casa Lis
Miguel de Lis (1855-1909), era propietario de una próspera fábrica de curtidos, lo que le proporcionó una posición desahogada y la posibilidad de viajar por Europa.
Sus viajes a París y Bruselas le dieron la oportunidad de conocer algunos edificios modernistas que, sin duda, le sirvieron de inspiración para encargar al arquitecto Joaquín de Vargas y Aguirre su propia residencia.
La construcción
El solar elegido, en la misma muralla medieval de la capital salmantina, suponía un serio desafío para el arquitecto, dado su enorme desnivel. Sin embargo, Joaquín de Vargas lo solventó astutamente con una gran escalera dirigida a ambos laterales y varias terrazas ajardinadas.

La fachada sur de la casa con sus más de 40 metros de vidrieras con motivos vegetales exuberantes, impresionan todavía hoy, vistos desde el paseo situado junto al río Tormes.
Al otro lado, apenas a 100 metros de la catedral, se instaló la entrada principal de la Casa Lis: una fachada señorial realizada en ladrillo y piedra con unas preciosas verjas de hierro. Muy al estilo del art nouveau bruselense.
La vivienda se articulaba originalmente en torno a un patio columnado a cielo abierto, casi como si fuera un patio andaluz.
Joaquín de Vargas utilizó los nuevos materiales típicos de la arquitectura industrial como el hierro y el acero para la estructura y la forja, el vidrio para las ventanas, la cerámica con fines decorativos e incluso el hormigón en parte de la estructura.

La construcción de la casa fue relativamente rápida, se comenzó en 1905 y al año siguiente pudo inaugurarse. Aunque Miguel de Lis no la pudo disfrutar demasiado, ya que murió en 1909.
De residencia privada a museo
En 1917 la mansión cambió de dueños, pasando a ser propiedad del rector de la Universidad Enrique Esperabé.
Después cambió en diversas ocasiones de propietarios y fue abandonada en los años 70, hasta que finalmente el ayuntamiento de Salamanca la expropió en 1981 para salvarla de la ruina.
En 1990 Manuel Ramos Andrade, un reputado anticuario y mecenas que había vivido en Francia y Australia decidió donar su excelsa colección de arte a la ciudad de Salamanca.
El legado de Ramos Andrade sería el germen de la actual colección del Museo Art Nouveau y Art Decó de la Casa Lis que se inauguró en abril de 1995.

Visita a la Casa Lis
Tras atravesar el pequeño vestíbulo que sirve de recepción, la Casa Lis nos recibe con un precioso patio cubierto con vidrieras que simbolizan la noche. Un espacio, casi etéreo, sostenido por esbeltas columnas decoradas, no casualmente, con flores de lis.
Será difícil contenerse, pero no está permitido tomar fotografías ni vídeos sin un permiso expreso.
Las paredes están cubiertas de pinturas que nos transportan a la Belle Époque y también encontramos piezas muy curiosas como un par de personajes negros, botones de hotel, que hoy no serían políticamente correctos. Y al otro lado una preciosa cerámica titulada “Ruth danzante” inspirada en Ruth Saint Denis, una de las bailarinas más famosas de principios de 1900.
Al patio se abren más de media docena de puertas que dan acceso a las distintas salas del museo, así como una escalera que lleva a las del primer piso.
El museo atesora 19 colecciones distintas, mayoritariamente de Artes Decorativas, un término muy amplio que engloba aquellas disciplinas que tienen una finalidad utilitaria y decorativa. A menudo se las ha menospreciado designándolas como Artes Menores, pero la cerámica, la orfebrería, el vidrio, la ebanistería, el textil o la forja cuentan, como las demás artes, con verdaderas obras de arte y en este museo se pueden admirar multitud de ellas.

El visitante se ve rodeado en una sala tras otra de preciosos jarrones de vidrio, ninfas de porcelana, frascos de perfume imposibles, joyas exquisitas, muebles delicados y encantadores juguetes. Este es un museo que apela a los sentidos, no en vano el art nouveau buscaba llevar la belleza y el arte a la vida cotidiana.
Antes, durante o después de visitar las exposiciones es imprescindible hacer una parada en la preciosa cafetería del museo presidida por una bonita máquina de café modernista y con las vidrieras en un costado.
Las colecciones
La colección de Art Nouveau y Decó del museo es, sin duda, una de las más completas que se han podido reunir de ese periodo fascinante que va desde finales del siglo XIX hasta 1939 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
Además, la Casa Lis organiza interesantes exposiciones temporales que son todo un referente cultural en la ciudad. Algunas de las exposiciones recientes han tenido gran acogida como las de Muñecos autómatas, Fernando Botero, las hijas del Jazz o Toulouse-Lautrec.

Al visitar el museo cada visitante se sentirá atraído por unas piezas más que por otras, de manera que nuestra selección es irremediablemente personal. Estas son las colecciones que consideramos más atractivas.
Criselefantinas
Quizá la colección más destacada del museo sea la serie de más de 100 criselefantinas, unas hermosas esculturas de marfil combinadas con bronce, oro u otros materiales. Las criselefantinas representan principalmente figuras femeninas simbólicas, bailarinas de ballet e incluso estrellas de cine. El museo las muestra con gran elegancia y teatralidad iluminándolas con varios haces de luz en una sala en penumbra.
Las criselefantinas se muestran oportunamente junto a algunas pinturas de bailarinas y escenas circenses de Celso Lagar, un pintor salmantino afincado en París en los años 20 y 30 del siglo pasado.
René Lalique
El más célebre maestro vidriero y joyero modernista fue sin duda el francés René Lalique, que cuenta incluso con museos monográficos en Países Bajos, Francia y hasta el Japón. La Casa Lis posee un buen puñado de piezas de Lalique, entre ellas numerosos frascos de perfume, jarrones, lámparas… Y también joyas, como el precioso broche de libélula que la Asociación de Amigos de la Casa Lis tomó como emblema.
Tampoco hay que pasar de largo ante las piezas del famoso orfebre ruso Fabergé, en especial la lupa de plata y diamantes en su propio estuche.
Porcelanas, bronces y esmaltes
La Casa Lis propone a través de cada estancia un recorrido por las distintas técnicas y materiales. Así cuenta con preciosas porcelanas de fábricas francesas (Sèvres o Limoges), alemanas, italianas como Capodimonte o la húngara Zsolnay imprescindible para entender el modernismo en Hungría.

También se exponen numerosas figuras exóticas de bronce de pequeño formato que tuvieron mucho éxito entre la burguesía adinerada de la época. Destacan los bronces de escultores austriacos o los del francés Lucien Charles Edouard Alliot.
Finalmente, en otra sala encontramos piezas esmaltadas entre las que destacan los jarrones de Camille Fauré.
Escuela de Nancy y escuela catalana
El comedor de verano del primer piso es la estancia más amplia y también la más impresionante de la casa, gracias a la gran vidriera del fondo que mira al río Tormes.
En esta gran sala se muestra mobiliario de dos de las escuelas más importantes del modernismo: la Escuela de Nancy (Francia) y la escuela catalana.
De esta última destacan varias piezas de los mejores ebanistas catalanes de principios del XX: un espectacular sofá rinconera de Gaspar Homar y un precioso escritorio de Joan Busquets.
La Escuela de Nancy está bien representada por sus máximos exponentes: Émile Gallé y Louis Majorelle. Su mobiliario de líneas curvas y onduladas se inspira en la naturaleza y utiliza para su decoración flores, plantas y animales tallados en la madera. Incluso se reserva algún guiño, como la ranita de la vitrina de Émile Gallé.

En otra sala del museo podemos ver también preciosos jarrones, miniaturas y lámparas de vidrio de la Escuela de Nancy.
Muñecas y juguetes
La Casa Lis cuenta con una extensa colección de muñecas francesas y alemanas de finales del XIX y principios del XX. Eran muñecas vestidas con todo detalle de empresas prestigiosas como Jumeau, Gaultier o Heubach, sólo asequibles para la nobleza y la alta burguesía de la época.
Junto a las muñecas también se expone una selección de juguetes de gran interés, en el que destaca un escenario circense completo con todos sus personajes.
Caracteres
La sala más escueta del primer piso esconde, sin embargo, algunas de las piezas más curiosas y corrosivas. Son pequeñas piezas de personajes creadas generalmente en biscuit, un tipo de cerámica sin esmaltar.
Estas figuras muestran personajes caricaturizados e irónicos tremendamente expresivos que fueron muy populares a principios del siglo XX, entre otras cosas, por sus precios asequibles. Parte de ellas son simplemente decorativas, pero otras servían como cenicero, hucha o palillero. Merece la pena pasear la vista por cada una de las piezas.

Hagenauer
En otra de las pequeñas salas del piso alto descubrimos las estilizadas figuras de Hagenauer. El austriaco Karl Hagenauer fue, sin duda, uno de los grandes artistas art decó. Trabajó como diseñador en la empresa familiar, de la que tomó las riendas a la muerte de su padre en 1928.
Diseñó candelabros, espejos, ceniceros, o piezas simplemente decorativas en toda clase de materiales: plata, latón, cobre, piedra, marfil o madera.
La Casa Lis cuenta con algunas de sus piezas más icónicas como la Josephine Baker o la Carmen Miranda, dos de las grandes estrellas de los años 20 y 30 del siglo pasado.
Queremos agradecer al departamento de Comunicación de la Casa Lis por permitirnos tomar fotografías.
Artículo escrito por David

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